viernes, 24 de mayo de 2013

El venerado Castro Alves

Roberto Arlt, resistiéndose tercamente. Si quieren que actúe como el dueño del diario piensa que debe comportarse un periodista, deberán llevarme con la fuerza pública...




¿Para qué? - (Miércoles 9 de Abril de 1930)

Me escribe un amigo del diario: "Estoy extrañado de que no haya visitado en el Uruguay, ni dé señales de hacerlo allí, en el Brasil, a los intelectuales y escritores. ¿Qué le pasa?".

En realidad

En realidad no me pasa nada; pero yo no he salido a recorrer estos países para conocer gente de que un modo u otro se empeñarán en demostrarme que sus colegas son unos burros y ellos unos genios. ¡Los intelectuales!. Le voy a dar un ejemplo. En un diario de Buenos Aires, número atrasado, traspapelado en la redacción de un periódico de Río, leo un poema de una poetisa argentina sobre Río de Janeiro. Lo leo y me dan tentaciones de escribirle a esta distinguida dama:
-¿Dígame, señora, por qué en vez de escribir no se dedica a la conspicua labor de la calceta?
En Montevideo conversaba con un escritor chileno. Me contaba anécdotas. Las anécdotas atrapan a los intelectuales de allí. A esta escritora un pintor chileno le mandó un magnífico cuadro y ella, en una fiesta que se daba en su homenaje, recoge unas violetas y le dice a mi amigo_
-Oiga, Fulano, envíele estas flores a X...
O estaba trastornada o no se daba cuenta en su inmensa vanidad de que no se envían unas violetas a un señor que la ha obsequiado de esta forma, a una distancia suficiente para permitir que cuando lleguen las flores estén harto marchitas.
Además que la vida de los intelectuales, ¿a quién le interesan los escritores? Uno se sabe de memoria lo que le dirían: elogios convencionales sobre Fulano y Mengano. 
Llega a tal extremo el convencionalismo periodístico que los voy a hacer reír con lo que sigue. Al llegar a Río me entrevistaron redactores de distintos periódicos. En el Diario de la Noite se publicó un reportaje que me hicieron y entre muchas cosas que dije, me hicieron decir cosas que nunca pensé. Allá va el ejemplo: que mi director me invitó a "hacer una visita a patria do venerado Castro Alves".
Cuando yo leí que mi director me había invitado a realizar una visita a la patria del venerado Castro Alves me quedé frío. Yo no sé quién es Castro Alves. Ignoro si merece ser venerado o no, pues lo que conozco de él (no conozco absolutamente nada) no me permite establecerlo.
Sin embargo, los habitantes de Río, el leer el reportaje, habrán dicho:
-He aquí que los argentinos conocen la fama y la gloria de Castro Alves. He aquí un periodista porteño que, conturbado por la grandeza de Castro Alves, lo llama ,emocionado, "venerado Castro Alves". Y Castro Alves me es menos conocido que los cien mil García de la guía telefónica.
Yo ignoro en absoluto qué es lo que ha hecho y lo que dejó de hacer Su Exelencia Castro Alves. No me interesa. Pero la frase quedaba bien y el redactor la colocó. Y yo he quedado de perlas con los cariocas.
¿Se da cuenta, amigo, lo que se macanea periodísticamente?
Imagínese ahora usted las mulas que trataría de pasarme cualquier literato. Así como a mi me hicieron decir que Castro Alves era venerable, él, a su vez, diría que el "dotor" merece ser canonizado, o que Lugones es el humanista y psicólogo más profundo de los cuatro continentes...

No interesan...

No pasa mes casi sin que de Buenos Aires salgan tres escolares en aventura periodística y lo primero que hacen, cuando llegan a cualquier país, es entrevistar a escritores que a nadie interesan.
¿Por qué voy a ir yo a quitarles el trabajo a esos muchachos? No. Por qué voy a ir a sustraerles mercadería a los cien periodistas sudamericanos por cuenta de sus diarios para saber qué piensa Mengano o Fulano de nuestro país. De memoria sé lo que ocurriría. Y, de ir a verlos, tendré que decir que son unos genios y ellos, a su vez, dirán que tengo un talento brutal. Y el asunto queda así arreglado de conversación: "He entrevistado al genial novelista X". Ellos: "Nos ha visitado el despampanante periodista argentino...".
Todo son macanas.
Cada vez me convenzo más que la única forma de conocer un país, aunque sea un cachito, es conviviendo con sus habitantes; pero no como escritor, sino como si uno fuera tendero, empleado o cualquier cosa. Vivir...vivir por completo al margen de la literatura y los literatos.
Cuando al comienzo de esta nota me refería al poema de la dama argentina, es porque esa señora había visto de Río lo que ve un malísimo literaro. Una montañita y nada más. Un buen mono parado en una esquina. ¿No es el colmo de los colmos esto? Y así son todos. Las consecuencias de dicha actitud es que el público lector no termina de enterarse del país, ni de qué forma vive la gente mencionada en los artículos. Y tanto, y tanto, que el otro día, en otro diario nuestro leía un reportaje hecho por un escritor argentino a un general, no sé si de Río Grande o de dónde. Hablaba de política, de internacionalismo de qué se yo. Terminé de leer el chorizo y me dije: "¿Qué sesos tendrá el secretario de Redacción de este diario que no ha mandado al canasto semejante catarata de palabrerío? ¿Qué diablos le importa al público porteño lo que opina un general de cualquier país sobre el Plan Young o sobe cualquier otra mentira más o menos secante?".
Lo que había ocurrido era lo siguiente: así como a mi me hicieron decir que Castro Alves era venerable, porque con ello creían que me congraciaban con el público de Rio (el público de Río le importa un pepino mi opinión sobre Castro Alves), al periodista argentino le hacen reportear a un generalito que los deja imperturbables a los doscientos mil lectores de cualquier rotativo nuestro.
Y con dicho procedimiento los pueblos no terminan de conocerse nunca.
Ahora se explica, lector mío, porqué no hablo ni entrevisto personalidades políticas ni literarias.
 
Roberto Arlt, en Aguafuertes cariocas

jueves, 23 de mayo de 2013

Disfraces de carnaval: la fiesta sigue

Este señor Manuel Vicent, bajo su apariencia de dandy de la descripción, es en realidad un impiadoso hacker de los hábitos sociales, de los mecanismos de control, y de la sinergia entre ambos. Y como siempre sucede, hablando de otros tiempos habla de nosotros y de todos los tiempos...       



El buzón de las delaciones

En las galerías del palacio del Dogo de Venecia, que dan a la plaza de San Marcos, hay unas máscaras labradas en la pared. A simple vista parecen buzones. En realidad son buzones, aunque tienen un carácter muy particular. Por la boca vacía de esas carátulas, los ciudadanos de Venecia podían introducir papeletas con denuncias secretas y delaciones de la más variada índole. Los que cometían delito sexual, los contrabandistas, los funcionarios que negaban gracia y justicia, los contribuyentes que ocultaban sus verdaderas rentas para no pagar al fisco, cualquier transgresor de la ley o de la moral estaba a merced de los delatores privados. Éstos no tenían más que escribir en un boleto el correspondiente agravio, acusación, calumnia o chivatazo, verdadero o falso, contra una persona concreta y dejarlo caer dentro de la máscara. Detrás de ella, al otro lado de la pared, había un cajetín que los sicarios del Dogo vaciaban cuando se llenaba hasta rebosar. Había buzones de la delación en todas las salas del palacio abiertas al público, y cada uno de ellos estaba destinado a recibir una clase de delito. Mientras Venecia bailaba bajo los afeites de carnaval, una conjunción subterránea de ranuras, por donde discurrían cartas envenenadas, elevaba la vida a una sustancia conspiratoria. También en los gabinetes privados, que formaban un laberinto de salones dentro del mismo palacio, había otras máscaras con la boca dispuesta a recibir las maledicencias entre los propios nobles, escribanos y servidores del Dogo.

Las mazmorras que dan al puente de los Suspiros se llenaban de condenados a causa de estas denuncias secretas. Alguien que se encontraba en los brazos de su amante, de pronto era arrebatado del lecho por los esbirros, porque una mano pálida había introducido la notificación del adulterio a través de la correspondiente máscara. Toda Venecia se movía bajo la sospecha, y, no obstante, bailaba, celebraba fiestas carnales, conspiraba detrás de las cortinas, y era feliz sin abandonar la culpa ni la envidia o el odio. Había contrabandistas, jueces prevaricadores, mercaderes tramposos, cardenales expertos en venenos, duquesas mórbidas, espadachines y estoqueadores, emboscados a sueldo, bandidos del amor y comerciantes que alteraban las pesas, y muchas venecianas saltaban de cama en cama riendo mientras Tiziano había conseguido dar carnalidad a los colores, y Canaletto o Guardi pintaban las paradas diplomáticas con que eran recibidos los embajadores en la plaza de San Marcos. Pero debajo de aquellas casacas tan brillantes anidaban las pasiones más bajas, y éstas no se liberaban sino a través de las carátulas que introducían las delaciones en el interior del palacio del Dogo.

Durante mucho tiempo, estas denuncias secretas fueron efectivas. Cualquiera de ellas podía cambiar el destino de un ciudadano. Del despecho de un amante burlado o de la venganza de algún ser desconocido partía la maquinaria de la justicia, y al principio, con este terror anónimo, bajo el terciopelo se gobernaba Venecia. Y el cúmulo de delaciones iba creciendo hasta convertirse en un juego malvado que hacía rebosar los cajetines, y de esta forma también las máscaras de los buzones pasaron a ser, aunque de mármol, otro disfraz de carnaval. Aún permanecen fijadas en las paredes del palacio del Dogo en Venecia, como una metáfora llena de modernidad. La delación es ahora una de las bellas artes. Sólo sirve para jugar.
¿Qué sucedería hoy si hubiera esta clase de carátulas con una profunda garganta donde depositar estas denuncias secretas contra todo tipo de transgresores? No sucedería nada; estas máscaras existen en las paredes de todos los palacios, y alrededor de ellas hay un gran baile establecido. Cada día, los periódicos denuncian escándalos muy visibles, corrupciones sonoras, y, por otra parte, ni los delatores ni los delincuentes se ocultan. La fiesta sigue. No a través de estos buzones de Venecia, sino por medio de escuchas telefónicas, el público y la autoridad quedan enterados de las confidencias de los saltimbanquis. Y, no obstante, muchos saltimbanquis, llenos de seguridad, están abrazados a los jueces. Todo se ha convertido en un juego manierista de denuncias y amnesia. De venganzas y ficciones.

Los grandes titulares de los periódicos destapan un nuevo escándalo cada día, hacen papel de aquellas máscaras venecianas. A través de ellos se establece la conexión con un mundo subterráneo donde la conspiración y la moralidad se hermanan, pero nada sirve de nada. Las fiestas siguen. Las denuncias constantemente repetidas se transforman en música, y al compás de ellas los sospechosos danzan. Desde las paredes de los palacios de nuestro Gobierno, las carátulas de la delación logran alcanzar un grado de belleza que nace del tiempo arañado en el mármol. Estas máscaras aún conservan el rostro airado. Bajo unas cejas luciferinas, sus ojos de fuego miraban fijamente a la persona que se acercaba a depositar una denuncia secreta. Cuando este ciudadano se daba la vuelta, la máscara soltaba una carcajada. Lo mismo que ahora.

Manuel Vicent en Espectros

martes, 22 de enero de 2013

Bloody Mary Rubinke

Un cutis de porcelana, mire


Esta artista danesa tiene la profunda sospecha -o quizá debiéramos decir la firme convicción- de que el mundo no es exactamente como lo vemos los que creemos en la bondad del Papa, en la belleza de Barbie, en la calidad literaria y la profundidad filosófica de Paulo Coelho, y en que el Estado está para garantizar el bien común. Ella dice que eso es tener pajaritos en la cabeza.



María más bien pertenece a un culto que acusa a la estética estático-naif de la porcelana de ser una pantalla para ocultarnos algunas realidades un poquito más violentas, levemente más sádicas, que también pueden contener una pizca de pornografía, "entre el deseo y el tabú", según declara la propia autora. La chica rompe esa sensación de nada perfectamente equilibrada que ilustra la porcelana y ama nuestro cerebro homerosimpsoniano. Y no sólo nos desequilibra, sino que además nos muestra que abajo no hay una red que amortigüe la caída, sino un abismo de locura, abriéndose tranquilamente en el centro de mesa, en la repisita del living, en la cómoda al lado del Rexona que dejamos olvidado cuando salíamos apurados para el laburo.           

Por supuesto, esta transformación que la María Rubinke hace del carácter de esos encantadores bichitos blancos y pasivos que alguna vez fueron el sine-qua-non de la decoración hogareña, te hace temblar algo adentro, allá, en el fondo de nuestras certezas de que alguna vez everything will be fine.


  


jueves, 17 de enero de 2013

"Esbelta de edificios uniformes, sucia de baldíos"

¿Qué decir de un prosista de prosapia como Juan Filloy? Todo lo que pretenda agregar a su talento elegante, milimétrico y constante, podría ser usado en mi contra, por contraste. Miren este fragmentito de Caterva, donde a su paso por Córdoba "los mendigos muestran joyas a los ciegos de la esquina"...   



"Llegaron al bar L`Aiglon por la Avenida Olmos. Vetusta por un lado, desigual por el otro. Ríspida de muros dentellados, al principio. Esbelta de edificios uniformes, al centro. Sucia de baldíos ahogados de afiches, al final.

"Toda Córdoba era así: doble faz, doble expresión, como el atleta que llora y ríe de Scopas. Rémora y progreso. Beata agazapada tras la reja española y flapper en traje de baño que propaga su encanto. Ranciedad y plein air. Propaganda de vírgenes y piletas...

"Habían contemplado desde la terraza del Parque Sarmiento la sky-line de la ciudad. Y quedaron taciturnos: desigualdad. Desequilibrio. Desarmonía. Iglesias insolentes rodeadas de casuchas de barro. Molinos enormes rodeados de ranchos de lata. Palacios modernos rodeados de casonas de teja... les desagradó esa perspectiva quebrada y horrible: compases huecos y volúmenes. De presencias y sombras. De ritmos que saltan de la opulencia a la miseria.

"Y repudiaron categóricamente su perspectivismo absurdo y angustioso: sobre todo el que patentiza la voluptuosidad y el lujo de la religión -en las cúpulas brillantes como senos de bayaderas y los altares recamados con adornos que valen millones de hambres- dominando los tendones lacios de cemento de fábricas, mercados y talleres...

"Anduvieron después por plazas y calles. Ciudad grasosa de frailes obesos. Ciudad enteca de enfermos sin cama. Ciudad avispada de chicanas y arzobispada de dogmas. Les dolió la tozudez de bronce de los próceres locales y la ausencia de estatuas, exceptuando San Martín  de los grandes operarios de la nacionalidad. Toda Córdoba era así: contrastes, sin nexos en el contrapunto. Incongruencias, sin unidad en lo opuesto. Algo irrefregablemente contradictorio...

"Vieron la pacotilla colonial de un arte espurio, que se pretende jerarquizar como valores eternos y oponer al avance de los módulos nuevos que urgen a la vida. Las teologías estupefacientes del siglo quince, que se procura inyectar todavía, estando las almas inmunes al error y la fe. Y la antigualla de barro de claustros y museos, que solo valen para documentar el fetichismo ambiente, puesto que no tienen la dignidad de lo antiguo ni la vejez de lo digno...

"Vivieron horas amargas, decepcionantes. ¡No era posible! ¿Dónde estaba la atracción que enfatizan los prospectos de turismo? ¿Dónde la belleza que velis nolis incrusta en los ojos la propaganda de los ferrocarriles? ¡Nada! Toda Córdoba era así: abolengo y sans façon. Doctoralismo y usura. Rezos y cocaína. Ciudad atascada de conventos y clandestinos. Ciudad que aspira a elevar su columna mental soplando por la espita universitaria... y no consigue que su espíritu se vea fuera del cerco de las barrancas. Ciudad aplastada por el marasmo burocrático, el olor a santidad del vicio y el tufo de las congregaciones...

Tácitamente, ya  habían dispuesto irse. Abandonar esa olla de sofocaciones de toda índole..."

Relacionado: El meticuloso Juan Filloy

sábado, 22 de diciembre de 2012

"Ensartada en el fraude de la convivencia"

Le robé este poema a Roberto Esmoris Lara porque, ya cumplidos los trámites correspondientes a la fininiquitación del mundo, ya instalados en este otro mundo en el que hasta el momento no logramos hallar ninguna de las siete diferencias (presumo que debe haberlas, pero son demasiado sutiles para mi percepción) conviene que recordemos la acuciante necesidad de hallar nuestro lugar en la vidriera. Ya se sabe que la libertad es una fragata... 


canción final

-Ya es suficiente- , concluyó El Creador
y echó a rodar la piedra por el cielo delgado

fue atronador
desgarró el silencio de los lirios del campo
y contra el pronóstico de los ateos devolvió  la luz a los ciegos

y vos no pudiste volar
atravesada  por el alfiler de tu coleccionista
ensartada  en el fraude de la convivencia
no pudiste volar

cuánta  frustración
tener que estar quieta y disecada
justo  ahora que la piedra sagrada divide el mundo
y arroja al vacío a los morosos

pero  si sirve de consuelo lograste un lugar en la vitrina
y no es poco
cada  día se hace más difícil conseguir locación
(aún en esta nueva era anticipada por los Mayas)

después de todo
la libertad es la quimera que instalan los que oprimen.

Roberto Esmoris Lara

viernes, 21 de diciembre de 2012

La conspiración infinita



En estos últimos años, cuestión era más o menos así: récord de exportaciones, récord de crecimiento del pbi, récord de obra pública, récord de consumo, de venta de electrodomésticos, etc etc etc. Sí, pero... ¿y el trabajo en negro?, ¿y el precarizado?, ¿y el déficit de vivienda?, ¿y la cantidad de planes sociales?, ¿y los punteros que se quedan con la mitad de los 1200 pesos?, etc. Entonces las respuestas se dispersaban: vamos a bancarizar los planes, vamos a poner terrenos fiscales y dar créditos hipotecarios, se ha hecho mucho pero falta mucho más, el trabajo en negro bajó pero hay un "núcleo duro" del 35%, vamos por el buen camino, etc. Tengo la sospecha que los del "núcleo duro" no creen nada de eso, o piensan que si después de 10 años de "crecimiento a tasas chinas" ellos siguen afuera de la fiesta, están obligados a procurarse una entrada de la forma que puedan o les parezca. Sin duda que habrá oportunistas, aprovechadores, conspiradores, sin duda. Pero... ¿en qué contexto hacen lo que hacen?                

 

Bariloche: "Un día de furia", por Fernando Fernandez Herrero

Que difícil hacer una reflexión sobre lo que pasa en Bariloche. Desde hace unos días se sabía, lo alertó el Intendente que denuncia periodistas, que podía haber intentos de saqueos, pidió por eso colaboración a los supermercados, algunos ofrecieron una miseria, otros nada.

Por la mañana de hoy un grupo de 20 personas se presentó en el Chango Más para pedir bolsas de comida, no les dieron, entraron a buscarlas, se llevaron la comida y los pañales hasta que alguno manoteó un electrodoméstico, a partir de ahí todo se precipitó, algunos de los que cargaban comida habrán empezado a sentirse tontos, la relación peso/valor no rendía, y en definitiva mientras el cuerpo les duele si no comen, este sistema hace que les duela todo lo que les propone tener y nunca llega, tantas miradas acumuladas de cosas que nunca podrán comprar comprimidas en el instante de dejarse llevar por la decisión de simplemente agarrarlo.

Después vino la crónica del noticiero contando como habían robado los televisores y mostrando los desmanes de los inadaptados, no habló nunca el periodista durante esa crónica de la realidad ya casi insoportable que se vive en los barrios pobres de Bariloche, ni de tantas ilusiones robadas, ni de tantas vidas terminadas abruptamente por armas que nadie controla en un territorio liberado al alcohol y las drogas para menores, sin laburo, ni vivienda, ni tierra, ni familia, solo mostró las estanterías con los televisores faltantes.

A partir de ahí la locura, mucha gente, tanta que duele más que el difícil dolor de ver plasmada en imágenes crudas una ciudad partida, tomo la decisión interna de traicionar sus valores, de negociar con su conciencia y salir a buscar algo, un televisor, un audio, la campera esa que muestran en la tele, una bicicleta para el hijo, las pelotas del pibe de la foto, esas pelotas que sábado a sábado miraba ajenas y deseaba, y los más traicionadores directamente con su camionetas, a veces de gran valor, a llenarlas de mercadería, evidentemente ya no era a esa altura un problema de hambre.

Salieron los funcionarios de grandes sueldos a dar sus diagnósticos: inadaptados, ladrones baratos, Indigenismo duro, grupos duros con posiciones anarquistas, extrema izquierda, delincuentes, radicales, narcotraficantes, operadores del Grupo Clarín, punteros políticos, mercenarios de algún sindicalista, etc. Es que hay que lograr explicar cómo en el país del crecimiento chino durante 10 años, con 50.000 millones en el banco, con los 500 millones en inversiones para la ciudad que anunció el gobernador hace poco, con los anuncios millonarios del senador plenipotenciario, con los reanuncios del Intendente deudor y con el modelo nacional y popular viento en popa, puede pasar lo que pasó, hay que explicarlo pero no se puede.

Puede haber habido de todo, pero la realidad es que nada de lo que sucedió podría haber pasado si no estuviera Bariloche en el estado en que está. Una ciudad con una crisis tan antigua que ya parece crónica, partida entre al alto abandonado y la postal custodiada por Cámaras empresarias y fuerzas de seguridad, con una serie de gobiernos radicales que durante los últimos 28 años básicamente nos endeudaron y nos mataron a los pibes pobres, con un gobierno del Frente para la Victoria que por ahora no pasa de anuncios aburridamente repetidos o nuevos, pero que difícilmente llegan a cambiar en serio la vida de miles de barilochenses que ya no creen, y lo peor de todo, que perdido por perdido, si los funcionarios de grandes sueldos roban, si los jueces de grandes sueldos nos los juzgan, si los empresarios evaden o presionan para que en la distribución ganen siempre los que se lograron subir al tren, si la policía protege con sus armas todo lo anterior, y el resto de los ciudadanos practica una cómoda indiferencia mientras se va pasando la vida y todo siempre sigue igual, de mal, ¡vamos a robarnos todo porque nos robaron todo!, ¡vamos a romper todo porque ya está todo roto, empezando por las ilusiones!.

No paran de escucharse sirenas y tiros lejanos, ojalá termine todo sin vidas perdidas, esas que aunque muchos no lo entiendan ni lo acepten son más importantes que los LCD. Como comunidad estábamos al borde del abismo y hoy hemos dado un paso adelante, y como está doliendo la caída.


Se militarizó la ciudad, se recupera el pibe baleado, todo volvió a la calma, y ahora se discute denodadamente qué hacer para que nada cambie

Organizaciones sociales, empresarios, juntas vecinales y autoridades de diversos organismos participan esta mañana del comité de emergencia que encabeza el intendente Omar Goye. Se definirán lineamientos a seguir, mientras que fuerzas de seguridad nacionales patrullan las calles.

Goye encabeza la reunión con diversas organizaciones de la ciudad para evaluar lo sucedido y delinear los pasos a seguir en materia de contención social y seguridad. El intendente dijo que la reunión será cerrada y luego de informará a la prensa. Ingresaron los concejales, dirigentes barriales, el obispo Fernando Maletti y referentes de cámaras empresariales.

La situación actual es de calma aunque “tensa” reconocieron algunos dirigentes. En tanto, las calles de la ciudad ya son patrulladas por Gendarmería nacional y Prefectura Naval Argentina, además de la Policía de Río Negro.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Creando empleos con capacitación


¿Vos sos el nuevo? Te explico cómo es esto: nosotros distribuimos cerveza a unos 4 o 5000 negocios en esta ciudad, en las dos que están al Norte, y en la de enfrente. Desde las 10 hasta las 18, cada 10 o 15 minutos llega un camión con los vacíos. Cada uno trae 300 cajones, de marcas mezcladas, y tienen que estar estibados, por marca, antes de que llegue el próximo. Si no alcanzaste, dejás los que te quedan y vas a bajar el nuevo camión. Después estibás todo lo que llegó, más lo que te quedó del anterior, siempre clasificado por marca. A veces llegan dos o más camiones juntos, así que no te conviene que se te acumulen muchos cajones. Porque lo que te falte apilar y clasificar lo vas a hacer después de hora. Y acá no se pagan extras. Y envase roto, se descuenta del jornal, ¿está claro? Si no está claro, mirá este video: 120 cajones en menos de tres minutos. Si te ponés las pilas, hasta podés descansar cinco minutos entre camión y camión...

jueves, 22 de noviembre de 2012

"Te mereces ser violada antes de que tengas hijos terroristas"


Cuenta Rafeef Ziadah, poetisa palestina: "Escribí este poema mientras realizábamos una acción directa en mi facultad. (...) Me dije: seré únicamente palestina, no me comportaré como colona o soldado. Así que estaba sentada en el suelo y este hombre vino y me dio una patada en el estómago y me dijo:

"Te mereces ser violada antes de que tengas hijos terroristas"

En ese momento no dije nada, pero después escribí este poema, dedicado a este joven caballero:


Déjenme hablar mi lengua árabe
antes de que también sea ocupada.
Déjenme hablar mi lengua materna
antes de que también colonicen su memoria.
Yo soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas
las tonalidades de la ira. 

Lo único que mi abuelo siempre quiso hacer
era levantarse al amanecer,
mirar a mi abuela Nil
y rezar en un pueblo
escondido entre Jaffa y Haifa.
Mi madre nació bajo un olivo
en la tierra que dicen que ya no es mía.
Pero cruzaré sus barreras,
sus locos muros del apartheid,
y volveré a mi hogar.

Yo soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas
las tonalidades de la ira. 
¿Escucharon a mi hermana gritando ayer, 
cuando daba a luz en un control militar,
con los soldados israelíes
buscando entre sus piernas
la próxima amenaza demográfica?
A su hija la llamó Jenin.
¿Y escucharon a alguien gritar tras las rejas
mientras la gaseaban?
Estamos volviendo a Palestina.

Yo soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas
las tonalidades de la ira.
¿Me dices que esta mujer que hay dentro de mí
sólo te traerá tu próximo terrorista?
Barbudo, armado, pañuelo en la cabeza, negro.
¿Me dices que yo envío mis hijos a morir?
Pero esos son tus helicópteros, tus F-16...
¡En nuestro cielo!
Y hablemos un poco sobre este
negocio del terrorismo:
¿No fue la CIA la que mató a Allende,
y a Lumumba?
¿Y quién entrenó a Osama en Afganistán?
Mis abuelos no vestían como payasos
con capas blancas y gorros puntiagudos
para linchar a personas negras.
 
Yo soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas
las tonalidades de la ira.
¿Preguntas qué hace esta mujer oscura
gritando en la manifestación?
Disculpa, ¿no debería gritar?
¿Olvidé ser cada uno de tus sueños orientales?
El genio de la botella,
la bailarina del vientre,
la chica del harén,
la voz suave,
mujer árabe,
sí amo,
no amo,
gracias por los sandwiches de manteca de maní
que nos lanzan desde los F-16, amo.
Sí, mis libertadores están aquí
para matar a mis hijos,
a los que luego llamarán
"daños colaterales".

Yo soy una mujer árabe de color
y nosotras venimos en todas
las tonalidades de la ira.
Así que déjame decirte
que esta mujer que habita dentro de mí
sólo te traerá tu próximo rebelde.
Ella llevará una piedra en una mano
y la bandera palestina en la otra.



Yo soy una mujer árabe de color.
Ten cuidado,
ten cuidado.
Mi ira.

                                     (Rafeef Ziadah, Shades of anger)

miércoles, 21 de noviembre de 2012

"Con odio y a secas"


Es comprensible: ¿cómo el Zonzo ha de atreverse? Me recuerda a un amigo que, al hablar de casos como este, siempre sentenciaba: "Si buscás ‘pelotudo’ en el diccionario, dice ‘tipo que sale con la mina mejor, o con la mina que a nosotros nos gusta’. Eso es lo que, en forma sucinta y a la vez minuciosa, dejó anotado Crisanto Domínguez en El Zonzo...

Un desconocido
Llegó una mañana
Buscando un trabajo.
Le gustó la estancia
Y habló al capataz,
Como hiciera falta,
Entró de mensual
En "La Malacara".
Con ninguno nunca
Cambió una palabra.
Era tan poquita
Cosa que en la estancia
Lo apodaron todos
El Zonzo Miranda.
Pasaron los meses
Y nunca por nada
Supieron la historia
Del Zonzo Miranda.
Hasta que el boyero
Cierta madrugada
En rueda de peones
Dijo estas palabras:
Anoche muy tarde,
Yendo a buscar agua,
Vi a la patroncita
Detrás de la casa
En los mismos brazos
Del Zonzo Miranda.
Y desde ese día
Toda la peonada
Le dice, con odio
Y a secas, Miranda.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Algunas funciones más que la mera motricidad


Im-pre-sio-nan-te artículo de Juan Forn en Página/12 del 2 de noviembre. El arte es una cosa inclasificable, indomeñable, más allá de la heroicidad o del arrugue de uno u otro artista. Porque el arte es ese impulso que circula por nuestro sistema nervioso para recordarnos que tiene algunas funciones más que la mera motricidad, aunque eso pudiera costarnos la vida...     






Sentencia de muerte en 16 versos

Todo empezó con aquella foto de Stalin mostrando su amor por la lectura, una sesión de rutina con el retratista Nappelbaum que pasó insólitamente todos los filtros y, cuando estuvo colgada en cada aula soviética, desató risas por lo bajo: el Gran Educador necesitaba seguir con el dedo las líneas que leía. El poeta Ossip Mandelstam dio entonces su famoso paso en falso. Compuso un epigrama que recitó en una reunión de amigos, para espanto de Boris Pasternak, que le dijo: “Eso no es un poema. Es un acto suicida, una sentencia de muerte en dieciséis versos. Tú no me has recitado nada y ese poema no existe”.

El poema en cuestión era el “Epigrama contra Stalin” (“Tus bigotes de cucaracha, tus dedos como gordos gusanos”) y, aunque el propio Mandelstam reconocería que eran versos facilones comparados con su excelso promedio habitual, no pudo resistir la tentación de recitarlos de nuevo en los días siguientes, hasta que alguien le fue con el cuento a Stalin y, en medio de la noche, se presentaron tres agentes del NKVD en su departamento.

Se tomaron su tiempo para revisarle todos los papeles. Anna Ajmátova estaba ahí, junto a Mandelstam y su esposa Nadezda. Había ido de visita sin avisar y sus anfitriones no tenían nada que ofrecerle. Con unos pocos kopeks en el bolsillo, Mandelstam bajó a conseguir algo y sólo logró agenciarse un huevo duro, que seguía sobre la mesa cuando los agentes del NKVD dieron por terminada su búsqueda cerca del amanecer, sin haber hallado el epigrama (Mandelstam había tenido al menos la prevención de no ponerlo por escrito), y se llevaron el poeta a la Lubianka. Ajmátova puso en su mano aquel huevo duro cuando se despidió de él. 

Dice la leyenda que lo quebraron sin tortura física (“Usted mismo ha reconocido que es bueno para un poeta experimentar el miedo. Se lo haremos experimentar con plenitud”). Dice la leyenda que fue el propio Mandelstam quien les dio de puño y letra la única transcripción que lograron tener del poema.

En el ínterin, Bujarin había intercedido ante Stalin (“Hay que ser cautelosos con los poetas; la historia está siempre de su lado”) y tiene lugar la famosa llamada telefónica nocturna de Stalin a Pasternak. El Padrecito de los Pueblos le pregunta a quemarropa a Pasternak si Mandelstam muestra o no maestría en el poema en cuestión. Ese no es el punto, dice Pasternak. Cuál es el punto entonces, pregunta Stalin. Estamos hablando de la vida y de la muerte, dice Pasternak. Stalin le contesta con sorna que él hubiera sabido defender mejor a un amigo y cuelga. Pero la sentencia fue “vegetariana”, para los tiempos que corrían: tres años de destierro, primero en Cherdyn y luego en Voronezh. La orden de Stalin había sido: “Aísleselo pero presérveselo”. 

Nadezda recibió permiso para acompañar a su marido y lo alojaron en un pequeño dispensario rural (un médico, una enfermera) donde el desterrado intentó suicidarse tirándose por la ventana de un segundo piso. Oía voces, creía que Ajmátova había sido arrestada por su testimonio, no lograba recordar qué había confesado, a cuántos había incriminado. Después pasó a creer que aquella caída del segundo piso le había devuelto la cordura (“Me quebré un brazo y recuperé la razón”).

Mandelstam escribió entonces su “Oda a Stalin”. La leyenda se bifurca en este punto: hay quienes creen que lo hizo para congraciarse con el tirano y hay quienes dicen que Stalin se lo ordenó. Joseph Brodsky dice que da igual: lo que importa es el desequilibrio inquietante de esos versos, que los censores no supieron cómo tomar (“Si me despojan del derecho a respirar y a abrir las puertas / Si me tratan como un animal y me dan de comer en el suelo / Yo anudaré diez cabellos en mi voz y en la profunda noche / Susurrará Lenin en medio de la tormenta / Y en la tierra que huye de la putrefacción / Stalin despertará la razón y la vida”). Esa es la función de la poesía, según Brodsky: moverle el piso a quien lee. Eso pasó con los censores, que terminaron pidiendo a la todopoderosa NKVD “una solución al caso Mandelstam”. La solución fue expeditiva: cinco años de condena en Siberia.

No llegaron a ser ni seis meses. Cuenta Varlam Shalamov en los Relatos de Kolymá: “Sus compañeros de barraca ocultaron su muerte dos días para quedarse con su ración de pan, de modo que sepan los futuros biógrafos que el poeta murió dos días antes de su muerte”. En su libro Contra toda esperanza, Nadezda Mandelstam cuenta que a su marido le gustaba repetir en el destierro dos frases que ella detestaba por igual. 

Una decía: “No hay que quejarse; vivimos en el único país que respeta la poesía; matan por ella”. La otra era: “La muerte de un artista no es su fin sino su último acto creador”. Más de medio siglo después, cuando aquella hoja redactada en letra temblorosa por Mandelstam fue exhumada de los archivos de la KGB, se descubrió que la memoria colectiva había ido deformando para mejor el epigrama, año a año, a medida que pasaba de boca en boca, para preservarlo del olvido.