miércoles, 21 de diciembre de 2011

La balsa de piedra

Hace más de 20 años, el minucioso y deslumbrante José Saramago escribió La balsa de piedra, novela que se inicia cuando un fenómeno geológico separa a la península ibérica del resto de Europa. Así, españoles y portugueses se ven derivando por el Atlántico, aparentemente con rumbo hacia las Américas. Es sabido que la realidad se esmera en imitar al arte, aunque nombre sus resultados de otra manera. Por ejemplo, disgregación de la Unión Europea, expulsión de los PIGS, etc. etc. Lo cierto es que ya estaba escrito...

(…) el hombre es la más adaptable de las criaturas, principalmente cuando va para mejor. Aunque no sea lisonjero confesarlo, para ciertos europeos, verse libres de los incomprensibles pueblos occidentales, ahora en navegación desmesurada por el océano, de donde nunca deberían haber venido, fue, sólo por sí, una satisfacción, promesa de días aún más confortables, cada uno con su igual, empezamos al fin a saber qué es Europa, aunque queden en ella, todavía, parcelas espurias que más tarde o más temprano acabarán desligándose también de un modo u otro. Apostemos a que en nuestro final futuro seremos un país solo, quintaesencia del espíritu europeo, sublimado perfecto, Europa, es decir, Suiza.

Pero, si hay de esos europeos, también hay europeos de éstos. La raza de los inquietos, fermento del diablo, no se extingue fácilmente, por más que se fatiguen los augures en pronósticos. Ella es la que sigue con los ojos el tren que va pasando y se entristece con la nostalgia del viaje que no hará, ella es la que no puede ver un pájaro en el cielo sin experimentar un ansia de alciónico vuelo, ella es la que, al perderse el barco en el horizonte, arranca del alma un suspiro trémulo, pensó la amada que era de estar tan próximos, sólo él sabía que es de estar tan lejos. Fue una de esas disconformes y desasosegadas personas quien por primera vez se atrevió a escribir las palabras escandalosas, señal de una perversión evidente, Nous aussi, nous sommes ibériques, las escribió en un rincón de la pared, con miedo, como quien, no pudiendo aún proclamar su deseo, no puede tampoco esconderlo. Por haber sido, como se puede leer, en lengua francesa, se creerá que fue en Francia, pero la cosa es discutible, pudo haber sido también en Bélgica o en Luxemburgo. Esta declaración inauguradora se difundió rápidamente, apareció en las fachadas de los grandes edificios, en los frontispicios, en el asfalto de las calles, en los pasillos del metro, en puentes y viaductos, los europeos fieles conservadores protestaban, Estos anarquistas están locos, siempre es así, de todo tiene la culpa el anarquismo.

Pero la frase saltó las fronteras, y tras haberlas saltado, se comprueba que aparece también en otros países, en alemán Auch wir sind Iberisch, en inglés We are iberians too, en italiano Anche noi siamo iberici, y, de repente, fue como un reguero de pólvora, ardía en todas partes con letras rojas, negras, azules, verdes, amarillas, violeta, un fuego que parecía inextinguible, en neerlandés y flamenco Wij zijn ook Iberiérs, en sueco Vi ocksá ár iberiska, en finlandés Me myoskin olemme iberialaisia, en noruego Vi ogsii er iberer, en danés Ogsaa vi er iberiske, en griego Eímaste íberoi ki emeís, en frisón Ek Wv Binne Ibeariérs, y también, aunque con reconocible timidez, en polaco My tez jestesmy iberyjczykami, en búlgaro Nie sachto sme iberiytzi, en húngaro Mi is ibérek vagyunk, en ruso Mi toje iberitsi, en rumano Si noi síntem iberici, en eslovaco Ai my sme ibercamia. Pero el colmo, el ápice, el máximo, el acmé, palabra rara que no volveremos a usar, fue cuando en los muros del Vaticano, por las venerables paredes y columnas de la basílica, en el zócalo de la Pietá de Miguel Ángel, en la cúpula, en enormes letras azul celeste en el suelo de la plaza de San Pedro apareció la mismísima frase en latín, Nos quoque iberi sumus, como una sentencia divina en mayestático plural, un manetecelfares de las nuevas eras, y el papa, en la ventana de sus aposentos, se santiguaba de puro asombro, trazaba en el espacio la señal de la cruz, inútilmente, que esta tinta es de las firmes, diez congregaciones enteras no bastarán, armadas de cepillo, lejía, piedra pómez y raspadores, con refuerzo de diluyentes, aquí hay trabajo hasta el próximo concilio.

De la noche a la mañana Europa apareció cubierta de estas pintadas. Lo que al principio quizá no pasaba de un mero e impotente desahogo de un soñador, fue extendiéndose hasta convertirse en grito, protesta, manifestación en la calle. El fenómeno empezó siendo menospreciado, sus expresiones blanco de irrisión. Pero no tardaron las autoridades en inquietarse ante un proceso que esta vez no podía atribuirse a maniobras del exterior, siendo también el exterior campo de la misma maniobra subversiva, y esta circunstancia ahorró al menos el trabajo de investigar qué exterior sería ése, nominalmente identificado. Se puso de moda que salieran los contestatarios a la calle con pegatinas en la solapa o, más libertariamente, colocados por delante y por detrás, en las piernas, en todas las partes del cuerpo y en todas aquellas lenguas, y también en los dialectos regionales, en las distintas jergas, y al fin en esperanto, pero éste era difícil entenderlo. Una acción de contrafuego decidida por los gobiernos europeos consistió en organizar debates y mesas redondas en la televisión, con la principal participación de personas que huyeron de la península cuando la ruptura se consumó y resultó irreversible, no aquellas que estaban allí como turistas y que, pobrecillas, aún no se habían repuesto del susto, sino los nativos propiamente dichos, los que, pese a los apretados lazos de tradición y cultura, de propiedad y poder, dieron la espalda al desvarío geológico y eligieron la estabilidad física del continente. Estas personas trazaron el negro cuadro de las realidades ibéricas, aconsejaron, con mucha caridad y conocimiento de causa, a los turbulentos que imprudentemente estaban poniendo en peligro la identidad europea, y concluyeron su intervención en el debate con una frase definitiva, clavando sus ojos en los ojos del espectador, en actitud de gran franqueza, Haga como yo, elija Europa.

El efecto no fue particularmente productivo, a no ser en las protestas contra la discriminación de que habían sido víctimas los partidarios de la península, quienes, si la inmunidad y el pluralismo democrático no fueran palabras vanas, tendrían que haber estado presentes en la televisión para exponer sus razones, si las tenían. Se comprende la precaución. Armados con las razones que la discusión sobre la razón siempre crea, los jóvenes, porque eran ellos sobre todo los que realizaban las acciones más espectaculares, habrían podido fundamentar con más convicción su protesta, tanto en la escuela como en la calle, y en la familia, no lo olvidemos. Cabe discutir si los jóvenes, bien provistos de razones, habrían renunciado a la acción directa, aunque sólo fuera por el efecto sedante de la inteligencia, al contrario de lo que ha sido convicción desde el inicio de los siglos. Cabe discutir, pero no vale la pena, porque entretanto fueron apedreados los edificios de la televisión, saqueadas las tiendas que vendían aparatos de TV ante la desesperación de los vendedores que clamaban, Pero yo no tengo la culpa, de nada les valía su inocencia relativa, estallaban las lámparas como petardos, las cajas eran apiladas en las calles, les prendían fuego, quedaban reducidas a cenizas. Venía la policía, cargaba, se dispersaban los insurrectos y en ese juego pasaron ocho días, hasta este en que estamos (…) centenares de miles, millones de jóvenes en todo el continente salieron a la calle a la misma hora, armados no de razones sino de bastones, de cadenas de bicicleta, de navajas, de bicheros, de leznas, de tijeras, como si hubieran enloquecido de rabia, y también de frustración y de anticipado dolor, y gritaban, Nosotros también somos ibéricos, con la misma desesperación que hacía gemir a los comerciantes, Pero nosotros no tenemos la culpa. Cuando los ánimos se hayan serenado, dentro de unos días o semanas, vendrán los psicólogos y los sociólogos a demostrar que, en el fondo, aquellos jóvenes no querían ser realmente ibéricos, lo que hacían, aprovechando un pretexto ofrecido por las circunstancias, era dar salida al sueño irreprimible que, viviendo tanto cuanto la vida dura, tiene en la juventud generalmente su primera irrupción, sentimental o violenta, no pudiendo ser de una manera, es de otra. Entretanto se trabaron batallas campales, o de plaza y calle por hablar con más rigor, los heridos se contaron por centenares, hubo tres o cuatro muertos, aunque las autoridades intentaron ocultar tan tristes casos en la confusión y contradicción de las noticias, nunca las madres de agosto llegaron a saber con certeza cuántos fueron sus hijos desaparecidos, por la simple razón de no haber sabido organizarse, hay siempre unas cuantas que quedan fuera, estaban ocupadas llorando su pesar, o cuidando del hijo que les quedaba, o debajo del padre del hijo desaparecido haciendo otro hijo, por eso las madres pierden siempre. Gases lacrimógenos, coches-manguera, porras, escudos y cascos, piedras arrancadas de la calzada, barras de las vallas urbanas, lanzas de las verjas de los jardines, he aquí algunas de las armas utilizadas por un bando y otro, ciertas novedades, de efectos más dolorosamente persuasivos, empezaron a ser ensayadas aquí por las diferentes policías, las guerras son como las desgracias, nunca vienen solas, la primera experimenta, la segunda perfecciona, la tercera es la que vale, siendo cada una de ellas, según por dónde se empiece a contar, tercera, segunda y primera.

Para los almanaques de memorias y recuerdos quedó la última frase de aquel gentil mozo holandés, alcanzado por una bala de goma que, por tara de fabricación, salió más dura que el acero, aunque la leyenda se apoderará pronto del episodio y cada país jurará que el muchacho era suyo, mientras la bala, claro está, queda por reivindicar, y la frase no lo fue tanto por su sentido objetivo, sino por ser hermosa, romántica, increíblemente joven, y a los países les gusta esto, principalmente tratándose de causas perdidas, como ésta, Al fin, soy ibérico, y habiendo dicho esto, expiró. Sabía este muchacho lo que quería, o creía saberlo, lo que, a falta de cosa mejor, hace sus veces (…) La radio, con pilas nuevas, dio noticia de los calamitosos acontecimientos de Europa y se refirió a fuentes bien informadas, según las cuales estaban realizándose presiones internacionales sobre los gobiernos portugués y español para poner coto a tal situación, como si en manos de ellos estuviera el poder realizar tal desiderátum, como si ser gobierno de una península a la deriva fuera lo mismo que conducir a Dos Caballos. (…)

miércoles, 14 de diciembre de 2011

No hables tu idioma ni sonrías

Eso agravará las condiciones de detención...

Algunas veces, las condiciones de dominación y de opresión se hacen tan evidentes, tan crueles, tan gráficas, tan pornográficas, que hasta los reportes más rutinarios de la gran prensa -destinados a las secciones "de color", como cuando en Sudáfrica hornean el pan dulce más grande del mundo- no pueden menos que mostrar los siniestros mecanismos de un sistema al que le sobra cada vez más gente por todos lados y no encuentra -aún- un medio eficiente para deshacerse de ella. La prohibición de hablar el idioma nativo y de sonreír, recuerda a otras épocas en las que -como ahora- las personas eran reducidas a la categoría de bestias u objetos...


Prohíben a presas paraguayas hablar guaraní

Autoridades del penal de Posadas, en el norte de Argentina, prohibieron a las internas de nacionalidad paraguaya hablar guaraní, denunció este martes una organización cultural que considera que la decisión constituye una violación a los derechos humanos.

"Es una discriminación y un atentado a los derechos humanos", dijo Carmen Gladys Bernatto, directora del Ateneo de la Lengua y la Cultura Guaraní y presidenta de una asociación civil vinculada a la promoción y difusión del quehacer cultural de Paraguay, con sede en Posadas, capital de la provincia de Misiones.

A raíz de la prohibición, representantes del consulado de Paraguay en Posadas (1.100 km al norte de Buenos Aires), requirieron informes al Servicio Penitenciario, informó el canal de televisión Misiones Cuatro.

Bernatto dijo que la directora del establecimiento carcelario, Ester Florentín, argumentó que la decisión obedece a cuestiones de "seguridad", porque las "reclusas paraguayas sonríen al hablar y da la impresión de que se burlaran" de los guardias penitenciarios.

"El castigo para las reclusas por hablar su propio idioma, idioma del Mercosur e idioma de la región, es mandarlas a 'la piecita', un espacio reducido desde donde no se les permite hablar por teléfono por cuatro días con sus familiares", reveló.

A raíz de esta situación, las entidades culturales que integra Bernatto ofrecieron enseñar de manera gratuita guaraní a los guardiacárceles. Las autoridades del Servicio Penitenciario provincial se comprometieron a investigar el caso.

Fuente: AFP

lunes, 3 de octubre de 2011

Psicocirugía

Ando pensando cortar el frenillo de mi lengua. Casi dos años pensando, o mejor, casi dos años resistiéndome a hacerlo. -¿Por qué tenés frenillo todavía? Una pavada, cosa de diez minutos-, me dijo la dentista. Pasa que llevaba más de 40 años con él en perfecta convivencia, nunca un sí ni un no. Hasta ahora, claro, que comienza a molestar con su costumbre de apagar la sonoridad de mis erres, limitar mi posibilidad de recolectar el helado que resbala más abajo del labio inferior, principalmente, a negarme el placer de ir más adentro de la petisita (¡mirá que diste vueltas para llegar al centro de la cuestión!). En fin, que me he dado cuenta de que lo mío es una pavada (cosa de diez minutos) comparado con las dificultades de operarse la nariz, por ejemplo...


Jugar con la máscara

Ha sucedido alguna vez que un cirujano de estética al cortarle la nariz a un paciente ha liberado al asesino que dormía debajo de ella. Después de tantos años de soportar las burlas de sus amigos en el pueblo y de no despertar sino la risa cruel en las mujeres a las que pedía un poco de amor, el tipo concibió que era el enorme garfio de su nariz la causa de su desgracia. Cuando decidió operarse no sabía que ese apéndice se hallaba conectado con las fuerzas del mal, y el cirujano también desconocía los oscuros instintos que estaba acariciando con el bisturí. Aunque la intervención fue un éxito, de regreso a casa el escarnio seguía, y mientras el tipo jugaba a los naipes en el bar, las chanzas arreciaban y la doncella más casquivana tampoco se le rendía. Después de mirarse durante algún tiempo con lágrimas en la luna del armario, quiso recuperar la parte de la nariz que le habían arrebatado donde él pensó que se encontraba su alma perdida, y para esto se puso un cuchillo en el calcetín, montó el cargador en la pistola, se llevó otro de repuesto en el bolsillo y armado de este modo volvió a Madrid para buscarla.

Muchas veces el mundo cambia de sentido dándole un simple tijeretazo a la napia o el cerebro se arregla cuando un cirujano te estira la barbilla y la pliega detrás de las orejas. Hay médicos de cirugía estética que son como peluqueros con bisturí, y las mujeres acuden a su quirófano a hacerse unas mechas o se tumban con desenfado en la piedra y antes de ser anestesiadas piden: lavar y marcar. Entonces el cirujano las abre en canal, y sólo si el doctor es inteligente les analiza el alma antes de rellenarla con silicona.

Los creadores de nuevas anatomías saben el peligro que tiene jugar con la máscara, puesto que ella es la esencia de la persona y en algunos casos todo el universo gira en torno a una expresión del rostro, y si te quitas las bolsas de los ojos junto con los pellejos que te sobran puede suceder que encuentres en el espejo la imagen de aquel joven idiota que fuiste o el muerto que había dentro de ti o a un extraño asesino que asoma.

El tipo llegó a Madrid, con la cabeza llena de viento, una tarde en que reinaba la canícula y se dirigió a la clínica donde había sido operado de la nariz por un famoso doctor en cirugía estética, y como sabía la forma de encontrarlo no preguntó a nadie el camino. Masticando en silencio algunas blasfemias castellanas subió en el ascensor y se guió por el pasillo a través del olfato que le quedaba. Se limitó a abrir la puerta de la consulta y enseguida comenzó a disparar sobre el cirujano y dos enfermeras, una de ellas refugiada en el lavabo.

—¡Quiero ser guapo! —gritaba el asesino mientras vaciaba el cargador.
—¡Lo eres! —exclamó balbuciendo el doctor antes de morir. Fue lo último que dijo.
—¿Dónde está mi nariz? Dámela. Devuélvemela.

Cuando el asesino formuló esta reclamación ya nadaba en un charco de sangre, y ofuscado en medio de la estampida de pacientes que había provocado, huyó del sanatorio buscando su destino. Los buenos médicos de cirugía estética saben que la psicología a veces también se puede operar. Basta con rellenar o vaciar unos senos, hacer un drenaje de grasa en el vientre o borrar las patas de gallo para que un espacio de felicidad se abra ante cualquier individuo, que sólo de este modo es capaz de integrarse en la sociedad. En el borde de las piscinas hoy muchas mujeres hablan de modelos de vestir, de formas de peinarse con la misma naturalidad con que hablan de estirarse la piel o de ponerse una silicona. Ahora cualquiera puede cortar su cuerpo por la línea de puntos con un cuchillo y adaptar a este diseño un nuevo carácter. Algunos hombres también necesitan un rostro distinto para huir de la policía o simplemente buscando que nadie huya de ellos cuando entran en un bar. En la consulta de un buen doctor en cirugía estética hay imágenes que muestran la transformación de un ser humano desde sus formas más grotescas hasta conseguir un perfil de belleza.

—En realidad, lo que hago es psicocirugía —dice el doctor Díaz Torres—. Puede que muchos pacientes se sometan al quirófano llenos de frivolidad, pero uno antes debe advertirles del riesgo que corren. Esto no es una broma ni un capricho, aunque a muchos cambiar de aspecto puede ayudarles a ser felices, a no despreciarse. Dejando aparte la creación de una nueva anatomía mediante prótesis que sirven para recomponer el rostro dañado por los tumores, la vanidad unida a la máscara no es una cuestión tan frívola como parece.
—¿Y qué fue de aquel asesino que buscaba la propia nariz?
—Salió disparado en un coche a doscientos por hora hasta estrellarse en el primer muro propicio que encontró.

Pero sólo los locos son capaces de ir en busca de su napia al otro mundo. La mayoría aspira a que la belleza pasajera o la juventud que el tiempo ahuyentó vuelva a cambio de unas cicatrices.

Jugar con la máscara, en Espectros, de Manuel Vicent

martes, 27 de septiembre de 2011

Feliz o contenta

En La baronesa del tango, Silvia Miguens atraviesa un tiempo histórico y reúne una cantidad de historias deslumbrantes y a veces agobiadoras por su densa multiplicidad, todo sin alterar una prosa moderada y por momentos exquisita. Por ejemplo, el capítulo 15 arranca con la descripción de esa comunidad de oligarcas, burgueses e intelligentzia que por el fin del siglo XIX y principios del XX se daba en llamar "argentinos" (denominación todavía muy usada), y al toque continúa con una antojadiza y poética definición de la felicidad (con la que debo reconocer que estoy de acuerdo)...



15

Fue por el año 1911 cuando se supo de La Argentina del Centenario, crónicas que Georges Clemenceau había comenzado a escribir en L’Ilustration, de París, y luego fueron convertidas en libro. Cuando el libro llegó a Buenos Aires, muchos se molestaron. Como funcionario y representante en el país, el periodista había regresado a su Francia natal con un bagaje de vistos y oídos que comentaba irónicamente. Un poco a la ligera hablaba de todos. De un modo muy francés, o elegante, dejó caer críticas bastante particulares sobre los argentinos. Bien sabido es que muchos, por acá, eran bárbaros y excéntricos y aún lo son.

Hombres de a caballo, rebenque en mano, apropiadores y propagadores no sólo de la barbarie de estas tierras, según ellos invadidas, por los españoles, los ingleses y los indígenas, sino apropiadores y mejores voceros de las culturas foráneas. Aunque tampoco eran costumbres que hubiesen tomado de los inmigrantes. Buena par­te de ese peculiar sector de la población había estudiado en París, por lo tanto ostentaba una educación, e ilustración, no muy dife­rente a la del mismo Clemenceau. Y los que no poseían esa edu­cación, preparaban a sus hijos para que sí pudiesen hacer alarde de ella. De todos modos se mostraban a sí mismos como si en efecto la hubieran recibido.

Sin embargo, el mismo Clemenceau, en su ironía, pasaba por alto la admiración de los argentinos por los franceses, y muy especialmente, la que profesaban por los ingleses; sin esa anglofilia no hubiesen ganado los británicos tantos espacios en los partidos polí­ticos, del conservador al radical alvearista, del socialismo de Justo hasta el comunismo de Codovilla, de los toros Shorthorn a los ca­ballos pur sang. Muchos padecieron de la anglofilia, esa enferme­dad que los llevaba a traducir a Byron o a Shelley en los ratos que les dejaban sus funciones públicas, amparados por el privilegio de ser publicados sus pacientes trabajos en La Nación, donde hasta el presidente de los ferrocarriles era mencionado como sir William Leguizamón.

Tampoco resultaron inmunes a la anglofilia los em­pleados de la embajada argentina que, pese a sus eternas morriñas por dejar de deambular las callecitas porteñas, apenas llegaban a Londres se calzaban galera, sobretodo largo y paraguas y se larga­ban a caminar por la ciudad, mientras entre esos muchos otros que aún permanecían o regresaban a las orillas del Plata, crecía el na­cionalismo como contraparte de esa abrumadora inmigración eu­ropea, considerada por parte de élites y de intelectuales un proceso de contraste y decadencia cultural que provocaría nuevas corrien­tes de pensamiento y hasta puede que una revolución social. Ese áspero tropel de extrañas gentes... decían muchos. En cuanto a los que tenían dificultades económicas que habían nacido al amparo del Río de la Plata, eran considerados más extravagantes aún. Via­jeros incansables se habían vuelto muchos, músicos, poetas, artis­tas en general, puede que exiliados o autoexiliados, parias todos, nómades que por hambre, más que por convicción, difundían las artes en general, y el tango en particular. Tango que, de regreso al país, ya había incorporado esa pátina europea tan necesaria, o inevitable, para ser aceptado por todos y, justamente, en los ámbi­tos que debía ser aceptado.

—Así era la ciudad entonces... y su gente. Todos nosotros. Quien más quien menos, todos éramos iguales -dijo Mamita Eloí­sa-. Sin embargo, pese a la tristeza y la muerte de Federico prime­ro, y más tarde de Nicolás, pese a todos los que vi morir, he sido una mujer feliz, especialmente a comienzo del siglo. Casi todos se han ido pero nunca pude evitar ser feliz. No siempre estuve conten­ta, pero sí feliz.

Curiosa idea, la de Mamita Eloísa, de vivir en estado de felici­dad aun sin estar contenta. Como si la felicidad fuese un mandato imposible de abandonar, un objeto heredado igual que la estampa o los rasgos peculiares de la familia. Y tal vez lo es. Por este mismo motivo, puede que la alegría no estuviera en mí, no la había vivido ni atesorado en la memoria de la piel. Qué memorias recuperar de mis antepasados. Y, una vez restituida esa memoria, de dónde rescatar la alegría.

-Todo puede ser discordante y aun contradictorio -comentó a la sazón Mamita Eloísa como si hubiese adivinado mi pensamiento-. Hay quienes son naturalmente felices, y no siempre porque todo les haya sido dado. Se nace feliz como se nace blanco o negro, alto o bajito. Otros, en cambio, se empecinan en mostrarse felices y atraviesan apenas contentos su vida y la de los demás. Es que uno no puede andar por ahí con la misma alegría siempre. No es posible, ni conveniente, y esto no significa nada. Ser feliz no es sonreír todo el tiempo, sólo es sentirse pleno.

—No sé si entiendo...

—La plenitud la alcanzas si eres capaz de reír y llorar con igual intensidad cuando cada circunstancia lo amerita. Y no significa esperar que los demás te otorguen los permisos, sólo se necesita ser libre. ¿Comprendes ahora?

—No sé si tanto... pero si usted lo dice.

Mamita Eloísa, como tantas veces, sonrió y acercó su mano hasta mí como si tentase una caricia. Pero retiró su mano, la entrecerró en la otra y las abandonó en su regazo. Muchas veces la vi reprimiendo sus caricias. Según insinuó una tarde, cuando caminábamos por el jardín, hacía muchos años que no acariciaba ni era acariciada por nadie; también me aconsejó que me era imprescindible comprender que con los años las caricias serían menos frecuentes; y mayor aún el pudor. Cómo explicarle, cómo hacerle comprender que nunca había sido de otro modo para mí. Qué podría entender si no había corrido igual suerte que ella. Por eso no insistí.

(…)

Silvia Miguens en La baronesa del tango

jueves, 15 de septiembre de 2011

La colina del hombre de rodillas grandes

En su interesante libro Historia de las palabras, el historiador Daniel Balmaceda presenta una sección de topónimos que recorren vasta porción de la geografía terrestre y vastísimas regiones de la cultura humana. Desde los prefijos y sufijos que señalan la existencia de un pueblo o de un puerto, de una frontera o un accidente geográfico, hasta el origen de las deformaciones que el original sufrió a manos del tiempo y de las peripecias de navegantes, exploradores y políticos, apila una colección de nombres llenos de historia. El mejor de todos es el nombre que los maoríes pusieron a una colina neozelandesa, relato y poesía a la vez. Para muestra, un trío de botones...


NAM, PAREDÓN Y DESPUÉS

Vaticinar y Vaticano tienen el mismo origen. Los adi­vinos de la Antigua Roma (llamados vatis) se instalaron en el templo de Apolo, situado en una colina que, debido a sus ocupantes, era conocida como la Vaticana. En ese si­tio Nerón decidió construir un circo. A corta distancia de dicho circo romano fue crucificado boca abajo el mártir San Pedro. Con los siglos, aquel monte de los adivinos se convertiría en sede de la Iglesia Católica Apostólica Romana.

Jerusalén deriva del hebreo Yerushalayim, "posesión de la paz". Beth es "pueblo" en hebreo. Bethlehem —que nosotros conocemos como Belén— significa el "pueblo del pan" y Bethania, el "pueblo de la pobreza". Israel, según el Génesis, es "el que lucha junto a Dios" (saró es batallar y el, Dios). Tell, también en hebreo, significa "monte"; y Aviv son "flores", "plantas" y, por extensión, "primavera".

El Cairo es la transformación fonética de Al-Qahirah, frase árabe que significa "la victoriosa". Siguiendo con los árabes, su influencia en España explica que en México encontremos nombres como Guadalajara y Guadalupe. Ouad-al-jara significa "río de las piedras" y ouad-al-lupe, "río del lobo".

Argelia nació del árabe Al Jezair, "la península" que, dicho sea de paso, significa "casi una isla" (pen, "casi" e ín­sula, "isla"). En sánscrito, sing ha pura es "ciudad del león", hoy Singapur. Belgrado, que en yugoeslavo es Beograd, quiere decir "ciudad blanca". Líbano es de naturaleza semítica: signifuca blanco.Este color también figura en los nombres de Albania y los Alpes (a través del latín albus). Australia era la Terra Australis (tierra austral). Alaska quie­re decir "tierra grande" en esquimal.

Japón, por su parte, está formada por dos voces de procedencia china: zi (sol) y pen (origen), lo que la con­vierte en la ciudad del sol naciente. Hong Kong surge del chino Hiang-Kiang, "aguas perfumadas", una caracterís­tica propia de los orientales, que desde siempre acostum­bran perfumar las aguas con pétalos de flores. Los nipones emplean la palabra nam para definir al sur. La reconoce­mos, por ejemplo, en Vietnam, que es "lejano sur". Pekín es, para los chinos, la kin (capital) del pe (norte). Y Nankín es la capital del sur.

Los japoneses utilizan la palabra shima para referirse a las islas. Hiroshima es, por su desgracia, la más conocida de las más de cuarenta shimas del Japón. El Himalaya es la "morada de las nieves", pues himam significa "nieve" en sánscrito. Hay otro sufijo, en este caso de origen musul­mán, muy utilizado: stanes significa "tierra de". Afganistán es la tierra de los afganos, Kurdistán es la tierra de los kurdos (valientes) y Pakistán, la de los puros, dicho en un sentido espiritual.



CANAL DE LA MANGA

El emperador Carlomagno aportó algunos nombres para los mapas. El más conocido es el que le dio a la región oriental que defendía sus dominios: Ost-reich (Reino del Este), actual Austria. A la Mark (frontera) que lindaba con la tierra de los daneses la llamó Dañe Mark, que nosotros conocemos como Dinamarca.

Aquellos vecinos daneses eran exploradores y fueron quienes llamaron ollant, "tierra de los bosques", a la región de Holanda. Su nombre oficial es Neederland, que signi­fica "tierras bajas" en la lengua local. Nada más apropiado para ese territorio poblado de pantanos, al cual denomi­namos Países Bajos.

Las legiones romanas eran las encargadas de anexar te­rritorios al imperio. En las planificaciones de las campañas se hablaba de ellas como las regiones pro vincere (del latín pro, "antes", y vincere, "vencer"). Se trataba de las poblacio­nes a vencer. De allí surgió la palabra "provincia". Una de esas provincias romanas se llamó Cale, y su puerto fue Por-tus Cale, que con el tiempo se convirtió en Portugal.

Otra conquista romana fue la región de los dacios, que entonces pasó a ser tierra de romanos: Rumania. Bélgica provino del bajo alemán balge, "región pantanosa". España surgió de un término cartaginés: span, "conejo". Era, para los hombres de Cartago, la "tierra de los conejos", porque tal extensión se hallaba poblada por miles de estos animalitos. En cambio, la isla atlántica cercana no tenía conejos sino perros. Los romanos la bautizaron insulae canum, "isla de los perros". Su fauna aportó los pajaritos cantores que se esparcieron por el mundo con el popular nombre de canarios.

Milán resultó del latín midium llanum, "en medio del llano". Las referencias a accidentes geográficos son inago­tables. En sus exploraciones por América del Norte, los franceses dejaron sus huellas en Detroit, "estrecho". Por su parte, Dublin proviene del celta dubh linne, "pozo ne­gro". Al "pie de los montes" de los Alpes se halla el Pia-monte.

Haven, "puerto" en inglés, explica el significado de La Habana. Emparentadas con haven están la danesa havn y la francesa havre. Kjobenhavn —Copenhague para no­sotros— quiere decir "puerto de ios mercaderes". Y Le Havre es un puerto francés situado en el Canal de la Mancha, al cual los ingleses llamaron English Channel. Pero del otro lado, los franceses prefirieron denominarlo Le Manche, "la manga". Por lo tanto, channel y manche expresan la misma idea. El último paso lo dieron los espa­ñoles, quienes castellanizaron channel y manche. La desig­nación española de Canal de la Mancha no es más que una salomónica redundancia.



TOCÓ LA FLAUTA PARA SU AMADA

El primer nombre oficial que le dieron los europeos a Australia fue Nueva Holanda. El proceso de su descubri­miento y exploración se inició en 1616 y demandó mu­chos años y navegaciones. En 1642, el capitán holandés Abel Janzsoon Tasman fue enviado con dos barcos a re­conocer la costa oriental de aquella región. Aún era muy difícil hallar el rumbo exacto. El 27 de octubre de 1642, Tasman ofreció una recompensa a quien avistara tierra: tres reales y un tazón extra del aguardiente con leché de coco que componía la ración diaria.

No se conoce el nombre del afortunado, pero sí se sabe que pasó casi un mes (alcanzaron tierra el 24 de no­viembre) y que no arribaron a Australia, sino a una isla al sur de dicho país que el capitán llamó Anthoonij van Diemenslandt (Tierra de Anthony van Diemen, que era entonces el gobernador holandés de las Indias Orienta­les). Entre 1803 y 1985 la isla fue usada como centro de deportación de criminales británicos. En 1856 cambió su nombre. Desde entonces se llama Tasmania.

El padre del cartaginés Aníbal se llamaba Amílcar Barca. Su apellido dio origen a Barcelona. Un oficial árabe de nombre Tariq desembarcó en España junto a un peñón. Sus compañeros denominaron al territorio Jebel al-Tariq, "la montaña de Tariq". Como a los españoles les costaba mucho pronunciar la voz árabe, lo convirtieron en Gibraltar. Los emperadores Julio César y Augusto inspiraron a los romanos para bautizar una ciudad ibérica: Cesarau-gusta, hoy Zaragoza. Una de las hijas de Augusto se llama­ba Berytus. Y su padre la evocó al fundar Beirut.

También hizo su aporte Marthinus Wessel Pretorius, el primer presidente de Sudáfrica, al fundar la ciudad de Pretoria, que en el nombre recuerda a su padre, el líder político Andries Pretorius. Mientras que China es "el país de Tsin", ya que HoangTi, el emperador que construyó la muralla, pertenecía a dicha dinastía. Entre los reyes ára­bes figuró Mohamed Ibn-Saud, quien instauró la Casa de Saud a mediados del siglo XVIII. A partir de él, la nación recibe el nombre de Arabia Saudita.

¿Volvemos a Oceanía? Otra de las islas que descubrió en 1642 el capitán holandés Tasman en su intento fallido por dar con Australia fue Nueva Zelanda, ya que dicha costa le hizo recordar a las islas Zeeland de su país. En esa tierra de grandes rugbiers existe la colina con el topóni­mo más romántico del mundo. Nos referimos a Taumatawhakatangihangakoauauotamateaturipukakapikimaungahoronukupokaiwhenuakitanatahu. El lenguaje es maorí y significa: "La cumbre de la colina donde Tamatea, el hombre con las rodillas grandes, el escalador de las mon­tañas, el devorador de la tierra, que vagó por los
alrede­dores, tocó la flauta para su amada". Es la más romántica y la más larga de las toponimias. Sus habitantes, con total confianza, la llaman Taumata.

Tomado de "Historia de las palabras", de Daniel Balmaceda.

lunes, 8 de agosto de 2011

Lamento propietario

Aquel anarco español que dejara una imborrable huella en el Paraguay de principios del siglo XX, el "libertario abuelo" de Soledad, al que Augusto Roa Bastos señala como su maestro y el de todos los escritores guaraníes, era un finísimo escritor que a veces nos recuerda a Ambrose Bierce y otras a Esteban Echeverría. Y siempre nos deslumbra con la sencilla y elegante precisión de sus descripciones...


Gallinas


Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz.

Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada.

La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia.

Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y de dos patas. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás, que podían quitármelas.

Definí el delito. El mundo se llena para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.

Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas al intruso, pero mis gallinas saltaban el cerco y aovaron en casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció.

Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté uno.

El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista.

Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.

¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí.

Antes era un hombre. Ahora soy un propietario...

Rafael Barret

sábado, 16 de julio de 2011

"Deberíamos aspirar a una sociedad que no dependa de la energía atómica"

¡Bienvenidos al club de los antinucleares!
Con motivo de la proclamada renuncia al desarrollo nuclear por parte de los gobiernos de Japón y de Alemania, Salvador López Arnal escribió para Rebelión esta interesante reflexión:


Anuncio de abandono de la energía nuclear en Japón: ¿el irracional izquierdismo del movimiento antinuclear?

Cuando se ponían elegantes, que no era siempre desde luego, irracionalismo, irracionalidad, anticientificismo, ignorancia científica abisal, tontura aléfica, eran los términos usados por la derecha, los poderes establecidos, las grandes corporaciones del sector y los organismos y foros nucleares, y sus subvencionados tentáculos, para desprestigiar y arremeter contra el movimiento antinuclear.

El (pseudo) argumento esgrimido, con marchamo silogístico, sonaba así: “Si alguien critica y denuncia la industria nuclear por sus riesgos inadmisibles (y por consideraciones relacionadas), la desinformación, el fanatismo o la ignorancia son entonces sus características más nítidas. Es así que el movimiento antinuclear critica tenazmente la industria nuclear. Por consiguiente los componentes de este movimiento irracionalista son estúpidos. ¡Sólo los tontos pueden formar parte de sus filas!”.

Supongamos, aunque no admitamos la mayor ni la menor ni nada, este disparatado razonamiento.

Recordemos entonces la decisión de Merkel y de su gobierno que, sabido es, no tienen ninguna sensibilidad de izquierda y hace cinco meses eran pronucleares con mando en plaza y deseos de prórroga nuclear. Tampoco el gobierno japonés tenía veleidades conocidas de esta orientación antiatómica.

Pues bien, el primer ministro nipón, Naoto Kan, ha declarado el 13 de julio de 2011 que la crisis nuclear y social producida tras el accidente de Fukushima le ha convencido de que su país ¡debe abandonar la energía atómica! [1]. Como lo leen: ABANDONAR, esta es la palabra elegida, salirse de la era atómica. Con sus palabras traducidas: “Dados los enormes riesgos asociados a la generación de energía nuclear, me he dado cuenta de que esta tecnología no puede ser manejada con los medios convencionales de seguridad”. Añadió Kan: “Creo que deberíamos aspirar a una sociedad que no dependa de la energía atómica”. Finalmente, el primer ministro nipón abonó por un proceso gradual de transición a otras formas energéticas y por el abandono definitivo de la nuclear.

No cabe duda de que las reflexiones de Kan, menudo el primer ministro, cuelgan de la caída en picado de su popularidad. Si el accidente no se hubiera producido, también para él seguramente la energía nuclear seguiría siendo limpia, barata, pacífica, no militarizada y segura al cien por el cien. Lo más de lo mejor. La realidad, la dura y trágica realidad, y la pujanza, trabajo y tenacidad de los argumentos antinucleares han alterado radicalmente su posicionamiento. Le han obligado o empujado a ello. ¡Bienvenido sea, junto con Angela Merkel y sus colegas de gobierno, al club de los antinucleares!

¿Quiénes son entonces los irracionalistas? ¿Frau Merkel y Naoto Kan también entran también en el saco de los ocultistas? ¡Cosas veredes, amigo Sancho…! ¿Algún signo de autocrítica de los ex nucleares?

Nota:

[1] Público, 14 de julio de 2011, p. 29.

Relacionado: Energía nuclear: "Mostremos preocupación, y que todo siga como viene"

miércoles, 6 de julio de 2011

"Eso es lo que se ha perdido entre tanta piedad: el lado político de la historia"



Santa Elena, la Lord Carnavon del cristianismo

Se sabe que las leyendas no se fijan mucho en la precisión histórica. Al fin de cuentas, la historia real es para la leyenda una mera excusa que justificará la sentencia moral bajo la que ha de leerse el hecho narrado, cómo se lo debe incorporar en la comunidad, cómo se fundamentará y explicará lo que somos y por qué somos. Y si bien son construcciones colectivas que van enfatizando un aspecto u otro en cada época, siempre hay un autor de la "idea original", la mayor parte de las veces desconocido u olvidado, lo que a su vez refuerza la majestad de la leyenda, que así hunde su linaje en la noche de los tiempos. No es el caso la fundadora de la "Vera Cruz", que fue, vio... e inventó.


(...)

La Verdadera Cruz fue fundada por santa Elena (nacida hacia 248 en Bitinia, la actual Turquía; muerta hacia328 en Nicomedia, ahora Izmit, en la actual Turquía), la madre del emperador Constantino. El descubrimiento es, «fue», celebrado por la Iglesia con la Fiesta de la Invención de la Cruz Verdadera, título que lleva en sí la historia etimológica de una palabra provista de ironía mordaz sin mala intención.

Aunque la fiesta fue cancelada por el papa Juan XXIII, las reliquias permanecen en la Iglesia de Santa Croce de Gerusalemme. ¿Una leyenda devota? En esta ciudad, las leyendas devotas son tan antiguas casi como los sucesos que relatan. Los restos (ahora meras astillas) se guardan en una moderna capilla situada al fondo de la basílica principal pero, desde la iglesia principal, aún se puede bajar al primer lugar que cobijó esos trozos de madera: la capilla de santa Elena.

Ésta, y la capilla adyacente de San Gregorio, son salas del Palacio Sesoriano original, donde vivió santa Elena. Esto no es ninguna leyenda. Fue esa mujer la que viajó a Tierra Santa (tampoco es leyenda), encontró la Verdadera Cruz (esto sí es leyenda) y la llevó a Roma, donde fue dividida, y sus fragmentos distribuidos por las iglesias de Europa del mismo modo que una moderna empresa de comercialización de productos podría distribuir los suyos entre quienes poseen la franquicia: gorras de béisbol con el logo de la compañía, figuritas de plástico, cosas así.

Elena también se trajo los clavos de la crucifixión, parte del título que se clavó sobre la cabeza de Jesús, la estaca a la que lo ataron para azotarlo, alguna piedra de la tumba, alguna piedra de la cueva de Belén, las escaleras del palacio de Poncio Pilato, parte de la cruz en la que crucificaron al buen ladrón. Parecía una inglesa del siglo XVIII recogiendo tesoros artísticos por el mundo para mandarlos en cajas a su casa solariega.

Llevé a Magda a ver las reliquias. Contempló los fragmentos y las piezas con una mezcla de asombro atávico y moderno escepticismo.
—¿Cómo lo saben? —preguntó. —¿Cómo saben qué? —Que fue la cruz del buen ladrón. Has dicho que fue la del buen ladrón. ¿Cómo lo saben?
La Iglesia tiene una respuesta porque la Iglesia siempre tiene una respuesta: es perro demasiado viejo para que la pillen tan fácilmente. Se lo expliqué:
—Se dio la suerte de que uno de los hombres que trabajaban para Elena se hizo daño. De modo que acercaron la herida a una de las cruces que habían encontrado... y la herida no se curaba. Así que ésa debía de ser la cruz del mal ladrón. Entonces probaron con la otra, y en cuanto tocó la madera, la herida se cerró, el dolor desapareció y no quedó ni cicatriz. Por tanto, era la cruz del buen ladrón.

La tabla de madera en cuestión está herméticamente encerrada en un hueco de la pared, tras un grueso cristal y una reja de hierro. ¿Pasaría de nuevo la prueba? Magda se quedó un rato pensando mi respuesta y luego se encogió de hombros.

(...)

En Jerusalén, en la Iglesia del Santo Sepulcro, en el centro del casco viejo, todavía se puede bajar a la capilla de Santa Elena. Pasas por delante de hileras e hileras de cruces grabadas en la piedra por los peregrinos medievales hasta llegar a un espacio desnudo y cincelado como el fondo de un pozo. La luz se filtra hacia las profundidades desde la ventana que hay en lo alto del techo.

Originariamente, la capilla era con exactitud tal como exige la tradición: una cisterna cortada en la roca de la primera época imperial. Ya habría existido en la época de Elena. Hay un terminus ante quem, una fecha anterior a la cual debió de construirse, que es el 44 a.C. Lo que se cuenta es que después de la crucifixión arrojaron la cruz en un pozo cercano, donde trescientos años más tarde fue descubierta por la Emperatriz en su Gran Viaje. La luz llega desde la ventana de arriba e ilumina el polvoriento espacio; y la verdad es que no es difícil de imaginar. Si has visto trabajadores en faena, no es difícil de imaginar. Debió de haber muchas palabrotas, claro. Carajo con esto y a la mierda con lo otro mientras intentaban mover esos toscos maderos, arrastrándolos aquí y allá y finalmente arrojándolos al pozo. Siempre hay palabrotas. Las obscenidades asumen una extraña neutralidad semántica en los labios de esas personas, pero imagino que debieron de suponer un satisfactorio contrapunto al sonido de la madera al astillarse.

Uno se pregunta si toda la operación se hizo de manera encubierta, con el desesperado afán, por parte de los políticos, de librarse de las pruebas, de fingir que todo lo ocurrido no había ocurrido en realidad. Los políticos no han cambiado, ¿verdad? Y eso fue un asunto en parte político, desde luego. Eso es lo que se ha perdido entre tanta piedad: el lado político de la historia.

Esos trabajadores debían de proceder de lo más bajo de la sociedad, simplemente porque manejar los maderos de una cruz te volvía impuro. Probablemente eran esclavos. Una cosa es segura: no tenían ni idea del significado de lo que hacían, ni de que un día, ya fuera en la leyenda o en la realidad, la madre de un emperador vendría a buscar las tablas de madera. Ni de que dos mil años más tarde los hombres aún le darían vueltas a ese hecho, igual que los buitres dan vueltas alrededor de un esqueleto con la esperanza de encontrar un pedacito de carne. Así pues, arrojaron los fragmentos a un pozo. ¿Y el cadáver? Ah, eso es lo importante, ¿verdad? ¿Qué hicieron con el cadáver?

Sus discípulos vinieron durante la noche y lo robaron mientras nosotros dormíamos
(...) Y corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy
(Mateo, z8,13-15)

¿Hasta el día de hoy? ¿Necesitan una resurrección? Hago la pregunta en sentido socrático; yo tengo mi propia respuesta y no estoy dispuesto a revelarla. Quiero decir si "hoy en día" necesitan una resurrección. Oh, ellos necesitan una, desde luego. En esta ciudad, allí donde vayas encuentras reliquias que atestiguan que, en su época, los romanos, los griegos y todo el mundo necesitaban un sacrificio y una resurrección. No hay más que ver a Dioniso. Pero ¿ahora?

(...)


Simon Mawer en El Evangelio de Judas

sábado, 18 de junio de 2011

El ineluctable hado

Juan José Panno redactó este texto para una enciclopedia de filosofía que finalmente nunca se editó. Lo rescatamos, porque es ejemplar. Ah, la entrada era la que se refería a "determinismo"...


Escribano


El bisabuelo era escribano, el abuelo era escribano, el padre era escribano, los tres hermanos mayores eran escribanos y él dijo que escribano no, que cualquier cosa menos escribano, y se dedicó de lleno al fútbol.

Fue jugador. Goleador. Con una particularidad: nunca hizo el primer gol de su equipo; siempre el segundo o el tercero, en partidos que se iban ganando. Cuando estampaba la firma de sus goles era para certificar la victoria de su equipo, para ponerles el sello a los partidos.

Por eso, un periodista deportivo lo había bautizado “el escribano”.

jueves, 9 de junio de 2011

"Cocino para las ratas y para Luciano Benetton"

(...)
Sentado al otro lado estaba un hombre cuyo pelo caoba tenía el aspecto demasiado sólido de un peluquín. El individuo irradiaba confianza y se presentó como Massimo Donadon.

-Soy chef -dijo, dirigiéndose a mí y a la mujer que estaba entre los dos-. ¡Mi cocina se conoce en el mundo entero!
-¡De veras? -exclamó la mujer-. ¿Tiene alguna especialidad?
-Sí. Veneno de rata.
La mujer se echó hacia atrás.
-Está de broma.
-No, es verdad. Fabrico el raticida más vendido del mundo. Se llama Bocaraton, como la ciudad de Florida. Nunca he entendido que alguien quiera vivir en una ciudad con semejante nombre. Pero le viene perfecto a mi especialidad, que vendo por todo el mundo: en Dubai, Nueva York, París, Tokio, Boston, Sudamérica, dondequiera que haya ratas. Controlo el treinta por ciento del mercado internacional de raticidas.
-¿Cuál es su secreto? -pregunté.
-Mis competidores enfocan mal el tema de los raticidas. Ellos estudian a las ratas. Yo estudio a las personas -El señor Donadon señaló mi plato con el tenedor-. Las ratas comen lo que come la gente.Bajé la vista a mi fegato alla veneziana y de pronto vi mi cena con otros ojos.

-A las ratas venecianas les encantaría comerse lo que tiene en el plato, porque están acostumbradas a esa clase de comida. Pero a las ratas alemanas no les interesaría lo más mínimo. Prefieren la cocina alemana: wurstel, Wiener schnitzel y demás. Por tanto, para Alemania fabrico raticida compuesto por un cuarenta y cinco por ciento de grasa de cerdo. El veneno para ratas francesas contiene mantequilla. Para Estados Unidos utilizo vainilla, cereales de avena, palomitas de maíz y un poco de margarina, porque los estadounidenses comen poquísima mantequilla. Mi raticida neoyorquino se basa en aceites vegetales y esenciales con aroma de naranja, para que las ratas piensen en hamburguesas y zumos de naranja. Para Bombay añado curry. Para Chile, harina de pescado. Las ratas son muy adaptables. Si sus anfitriones se apuntan a una dieta pasajera, las ratas también. Mantengo treinta estaciones de investigación dispersas por el mundo para actualizar los gustos y aromas de los venenos de acuerdo con las últimas tendencias en la alimentación humana.
-¿Qué le pone al veneno italiano?
-Aceite de oliva, pasta, miel, expreso, zumo de manzana y Nutella (crema de avellana y chocolate). Sobre todo Nutella. La compro a toneladas. A las ratas les encanta. Les aseguré a los de la empresa Nutella que no me importaría promocionarlos por televisión, y me pidieron por favor que no lo hiciera, me rogaron que no se lo contara a nadie.

La mujer sentada al otro lado del señor Donadon apoyó las manos en la mesa como para controlarse.
-¡No pienso escuchar hablar de ratas mientras como! —anunció, y luego, más por el aire a melodrama que por estar molesta, nos dio la espalda.
El señor Donadon prosiguió, imperturbable, con sus explicaciones.
-A todo el mundo le fascinan las ratas. Incluso a los que lo niegan. A esos les gustaría decir: “Qué asco, no lo soporto, ¡cuénteme más!”.

Me fijé en que la pareja de la izquierda había dejado de hablar de La Fenice para dedicar toda su atención a Donadon.
-Pero si una rata está hambrienta, ¿no come cualquier cosa? -pregunté.
-Por supuesto, pero las ratas jamás habían estado mejor alimentadas, porque nunca había habido tanta basura. Así que se han vuelto quisquillosas con la comida. En la década de mil novecientos cincuenta la gente sólo tiraba a la basura el cero coma cinco por ciento de la comida y las ratas tenían que comer lo que encontraran. Hoy día el siete por ciento de nuestra comida termina en la basura y las ratas disfrutan de un banquete sin fin. Por lo tanto, para mí el reto radica en fabricar un raticida más apetitoso que la basura. La verdadera competencia es la basura.
“Las ratas son más listas que el hombre y están mejor organizadas. Siguen rituales instintivos para garantizar la supervivencia de la especie. Por ejemplo, cuando encuentran algo que parece
comestible, siempre lo catan primero las ratas más viejas. Otras marcas de raticida causan dolores inmediatos, quemazones o mareos. Si las ratas más viejas dan muestras de enfermedad, las otras no probarán la comida. Pero Bocaraton es más listo que ellas, porque no provoca ninguna molestia inmediata. Tarda cuatro días en surtir efecto y para entonces las ratas más jóvenes ya lo han ingerido.

-Dígame -intervino la mujer de mi izquierda-, ¿qué le empuja a uno a dedicar su vida a matar ratas?
-¡Ah, signora! Junto al lecho de muerte de mi abuela prometí que contribuiría al progreso de la humanidad. Desde niño ya me interesaban la química y la medicina. Así que decidí que encontraría una cura para el cáncer. Como sabía que el DDT causaba cáncer, entré en varias carnicerías y me presenté como representante de una empresa americana llamada Max Don Brasileña (un nombre inventado) que fabricaba insecticidas sin DDT. Les aseguré que los libraría de las moscas.
“El primer carnicero me contestó que pagaría lo que fuera. Las moscas ponían huevos en la carne. Era un desastre. De modo que elegí una cantidad al azar y le ofrecí mis servicios por treinta mil liras. Aceptó. Al final del día tenía encargos por valor de ciento cincuenta mil liras, que por entonces era un montón de dinero.
“Estaba exultante. ¡Pero no tenía producto! Además estaba sin blanca. De modo que me pasé por un bar de Treviso, donde vivo, a unos treinta kilómetros al norte de Venecia, y convencí a un par de amigos para que se unieran al negocio. De inmediato me mudé al hotel Carlton de Treviso y con la ayuda de la telefonista y el portero del hotel hice creer a los clientes que allí había instalado la sede italiana de la empresa de insecticidas.
“¿Cómo matamos a las moscas? Con un compuesto fosforoso de Montedison. Si lo empleara hoy, probablemente acabaría en la cárcel. Es demasiado tóxico. Pero funcionó. El negocio prosperó. La gente nos conocía.
“Entonces recibí una llamada del conde Borletti, el rey de las máquinas de coser, pidiéndome que acabara con las moscas de sus establos. Un día el conde me preguntó: ‘Massimo, ¿qué piensas hacer en invierno, cuando no haya moscas? Matar moscas es un negocio de temporada. Pero las ratas están todo el año. Deberías pensar en fabricar raticida’.
“¡Qué idea! Esa misma noche empecé los experimentos en el lavabo de la habitación del hotel. Amasé diez libras de grasa de cerdo y cumarina con mis propias manos y a la mañana siguiente lo cambié todo: la empresa, su nombre y su objeto. Eso fue en mil novecientos setenta. Conseguimos un éxito inmediato y desde entonces no hemos parado de crecer. Admito que tal vez matar ratas no sea una profesión tan noble como buscar una cura para el cáncer, pero al menos contribuyo al progreso de la humanidad y mi abuela puede descansar en paz.

Donadon nos entregó a cada uno una tarjeta de visita. La empresa se llamaba Braün Mayer Deutschland.
-Creía que era italiano-comenté.
-Y lo soy, pero de haberle puesto un nombre italiano a la empresa la gente habría pensado que el producto se fabrica en Italia y que, en consecuencia, no es de fiar. La imagen de Italia se reduce a la mafia, los sastres y los zapateros. En cambio, Alemania tiene una imagen de país sólido, científico y eficiente. Si hay que confiar en alguien para que mate una rata, que sea alemán. Así busqué un nombre que sonara muy germánico. Mayer es el equivalente alemán de Smith. Braün recuerda a Werner von Braun, el que diseñó los cohetes que llevaron al hombre a la Luna, y que por tanto inspira confianza. La diéresis sobre la u no va, pero acentúa el carácter germánico del nombre. Y Deutschland, bueno, habla por sí solo.
-Muy astuto -convine.
-Mi pequeña empresa participó del famoso boom económico del norte de Italia. ¿Sabía que en el norte de Italia tenemos la mayor concentración de negocios del mundo? Es cierto: tenemos una empresa por cada ocho habitantes. La mayoría son empresas familiares, pequeñas. Como la mía o como Benetton, que dirige mi amigo Luciano Benetton. Luciano ha nacido y se ha criado en Treviso como yo, y los dos mantenemos la oficina central en Treviso.
-Los dos Titanes de Treviso.
-Bueno -El señor Donadon se ruborizó-. Luciano es un genio para hacer dinero y tampoco se le da mal conservarlo. Nos conocemos desde hace más de treinta años y le aprecio mucho. Pero con lo rico que es, ¡jamás me ha invitado a almorzar! En cambio, le encanta cómo cocino y viene a menudo a casa a cenar. Yo cocino para las ratas y para Luciano Benetton.
-¿Han trabajado juntos alguna vez?
-No, pero contratamos al mismo fotógrafo para la publicidad: Oliverio Toscani, el tipo que creó la campaña ‘United Colors of Benetton’ y la revista Colors. Lo contraté para un anuncio de raticida. Estaba inspirado en La última cena. Todos los comensales, incluido Cristo, tenían cabeza de rata. Pero me convencieron para que renunciara a la campaña.

(…)

A mi otra oreja llegó de nuevo la palabra “rata” o, para ser más preciso, su denominación en dialecto veneciano: pantegana.
-Las ratas no vomitan -explicaba el señor Donadon-. Son una de las especies sobre la Tierra con la incapacidad física de vomitar. Así que una vez ingerido el veneno no pueden expulsarlo. Pero no es peligroso emplear el veneno, porque si las personas, los gatos o los perros ingieren aunque sólo sea un gramo, lo vomitan al instante, antes de que pueda causar ningún daño.

La mujer que había jurado que no escucharía hablar de ratas mientras cenaba se había dado media vuelta y ahora miraba embelesada al señor Donadon.
-Pero si se murieran miles de ratas a la vez -le preguntó al experto-, ¿no provocarían una plaga al descomponerse?
-Mi veneno las deshidrata -explicó el señor Donadon, dándole unas tranquilizadoras palmaditas en la mano-, las seca, las deshidrata. Así que como no se pudren, no hay peligro.
-Pero muerden a la gente, ¿no? -insistió ella, arrugando la nariz- Qué espanto.
-Si le muerde una rata, es muy posible que ni lo note.
-Claro, de la impresión.
-No. No lo notaría porque la saliva de rata contiene un anestésico. Uno de los ministros del gabinete de gobierno, Riccardo Misasi, estaba una noche en la cama cuando le despertó un picor en el dedo gordo del pie. El picor aumentó y, al encender la luz, ¡descubrió que se lo había comido una rata!

El señor Donadon parecía dispuesto a explotar la misma veta durante un rato, pero los demás invitados empezaban a irse.
-Quisiera preguntarle una única cosa -le dije mientras me levantaba de la mesa-. Si su veneno es tan efectivo como dice, ¿cómo quedan tantas ratas en Venecia?
-¡Muy simple! Venecia no emplea mi veneno. El Ayuntamiento siempre contrata el más barato, así que yo ni me molesto en intentarlo. Estoy dispuesto a contribuir al progreso de la humanidad, pero -me guiñó un ojo- la humanidad debe estar dispuesta a contribuir al mío.

(...)

"El hombre rata de Treviso", en La ciudad de los ángeles caídos, de John Berendt.

Relacionado: Bienvenida al club

lunes, 23 de mayo de 2011

Cómo se paga la crisis




Y el único método para que no la paguen siempre los mismos

El domingo, la corresponsal del diario El País en Grecia, Lucía Abellán, contaba que la prensa alemana asegura que el gobierno griego "debe exprimir hasta la misma Acrópolis para saldar las cuentas con Europa". Parece exagerado, pero "nombrar como activos los monumentos o las islas tiene un efecto amenazante", decía. Parece que se proponen la venta de miles de propiedades estatales (autopistas, vehículos industriales, depósitos de gas, espectro radioeléctrico y activos inmobiliarios, que se suman a una primera fase, ya en marcha, con el gas, los ferrocarriles y el aeropuerto como principales activos) hasta alcanzar la suma de 50 mil millones de euros, lo que permitiría disminuir ¡¡20 puntos de la deuda!! que hoy representa el 156% del PBI.

Por supuesto que a todos nos viene a la mente de inmediato la tradicional imagen del miserable usurero que obliga al deudor a rematar sus posesiones para que aún así siga debiendo más de tres cuartos de una deuda impagable. Tan tradicional, como el razonamiento de que en realidad el usurero no tiene ninguna pretensión de que el deudor cancele su deuda alguna vez, porque eso equivaldría a que esclavo compre su libertad. El esclavo no puede, el usurero no quiere, y todos sabemos que no es esa la salida del laberinto (¿todos?).

Aquí es donde comienza a tomar cuerpo esa idea que durante la guerra de los balcanes sugirió el economista Ernest Mandel: que los imperialismos, especialmente EEUU y Alemania, tenían en marcha una recolonización del mundo, y que esa guerra era sólo uno de los métodos que pondrían en práctica para lograrlo. Otras formas eran la inversión directa (citaba el ejemplo de España, "donde todo es muy alemán", aseguraba) y la apropiación de los bienes públicos acumulados por generaciones, como parte de pago de deudas indeterminadas (el ejemplo, por cierto, era Latinoamérica -"donde Europa disputa a EEUU su tradicional patio trasero").

Mandel observaba que ni la guerra, ni la inversión directa, ni la deuda externa, ni las privatizaciones, son en sí mismas garantías de colonización, pero que todas juntas son premisas de una sola conclusión: la creación de nuevas colonias, que tomarán la forma política que convenga al imperio de turno, pero que no serán más que colonias, y serán sometidas a niveles de explotación nunca conocidos.

Hace 20 años sonaba apocalíptico. Hoy, se comprueba con sólo leer las portadas de los diarios. Mandel también decía que ese avance en la recolonización mundial desataría una nueva etapa de crisis, guerras y revoluciones. Lo único que venía atrasado, hasta ahora, eran las revoluciones. Hasta que los árabes empezaron...

jueves, 19 de mayo de 2011

Cuervo Ingenuo se despertó

Los jóvenes que acampan en la Puerta del Sol, en Madrid, y en otras ciudades de España, están sospechando que la democracia no consiste en refrendar de vez en cuando con su voto a los estafadores que rescatan a los banqueros con el dinero de la gente y después exigen sacrificios para saldar las cuentas que dejaron los ladrones...




MANIFIESTO ACAMPADA SOL

¿Quiénes somos? Somos personas que hemos venido libre y voluntariamente, que después de la manifestación decidimos reunirnos para seguir reivindicando la dignidad y la conciencia política y social.

No representamos a ningún partido ni asociación. Nos une una vocación de cambio. Estamos aquí por dignidad y por solidaridad con los que no pueden estar aquí.

¿Por qué estamos aquí? Estamos aquí porque queremos una sociedad nueva que dé prioridad a la vida por encima de los intereses económicos y políticos. Abogamos por un cambio en la sociedad y en la conciencia social.

Demostrar que la sociedad no se ha dormido y que seguiremos luchando por lo que nos merecemos mediante la vía pacífica. Apoyamos a los compañer@s que detuvieron tras la manifestación, y pedimos su puesta en libertad sin cargos.

Lo queremos todo, lo queremos ahora, si estás de acuerdo con nosotros: ¡ÚNETE!

“Es mejor arriesgar y perder que perder por no haber arriesgado”

Más información:

Twitter: @acampadasol #acampadasol #spanishrevolution #nonosvamos

Web: www.tomalaplaza.net

Facebook: Spanish Revolution.


Un día en la república de Sol

Por INÉS SANTAEULALIA

Ni la Junta Electoral Provincial, que decidió no autorizar la concentración convocada a las 20.00 de ayer en el kilómetro cero, ni la lluvia, que hizo su aparición al caer la noche. Nada pudo con la multitud de los indignados. La Puerta del Sol ya era una ciudad en miniatura apenas 12 horas después de que los miles de asistentes a la primera concentración del martes decidieran montar un campamento hasta el día de las elecciones.

No es tarea fácil organizar la espontánea convivencia de cientos de personas, de procedencias diversas, desconocidas entre sí, en el centro de la ciudad, sin que la cosa se descontrole. Hay que comer, ir al baño, dormir, limpiar, protegerse del frío, comunicarse con los medios y aprovechar el momento histórico para intentar elaborar un discurso común. Y todo ello, sin jerarquías y sin reproducir los métodos del sistema que se rechaza.

Un mapa sitúa a todo el que accede a la plaza por la calle Preciados. Dónde está la zona de dormir, el puesto de comida o el de objetos perdidos. Ocho comisiones, divididas en múltiples subcomisiones y formadas por voluntarios, organizan la vida de los indignados. A veces centenares, como a primera hora de la mañana, a veces miles, como pasó ayer por segundo día consecutivo al caer la tarde y acercarse la hora de la concentración.

Las lonas para proteger del sol, o de la lluvia, fueron cubriendo los distintos puestos a lo largo de la mañana. "Información, sé que faltáis vosotros, no me olvido", dice un miembro de la comisión de infraestructuras, encargada de los cobertizos, al ver a sus compañeros bajo el sol del mediodía. Los cartones del suelo también fueron dejando paso a algunos sofás y colchones. La vida en el campamento se fue haciendo cada vez más confortable.

Los acampados, muchos con caras de sueño, pasaron el primer día en la plaza reunidos en las ocho comisiones -creadas el pasado lunes antes del desalojo policial- para tomar las primeras medidas. Los grupos están abiertos a todo el mundo. Un moderador se encarga de dar el turno de palabra y algunas citas se prolongan durante horas porque todo el mundo quiere hablar. Y a nadie se le niega la palabra.

- Comunicación. "Eso háblalo con prensa". En el pequeño nuevo Estado, bautizado según las bocas de metro como Plaza de la Solución, son pocos los que se atreven a hablar en su nombre y muchos los que derivan a los periodistas a la subcomisión de prensa. De comunicación también es la subcomisión manifiesto, pero la asamblea que se celebró en la madrugada del martes los dejó sin trabajo al decidir que, en lugar de crear uno nuevo, se continuaba con el discurso redactado el pasado lunes. La pegada de mensajes sobre la cúpula de metro de Sol también es una acción suya. Todo el mundo puede dejar su frase bajo un cartel gigante que advierte: "Si no nos vais a dejar soñar, no os vamos a dejar dormir".

- Información legal. Sobre la mesa del puesto están todos los periódicos del día. Un hombre ha prometido llevarles a diario y de forma gratuita toda la prensa nacional. En una farola está pegado un cartel con el nombre del abogado de guardia, que va rotando. Los miembros de la comisión legal no se cansan de repetir a los acampados la importancia que tiene recordar su nombre por si les detiene la policía.

- Información. Como a media tarde aún no les ha llegado un toldo, en información hace falta, por encima de todo, protector solar. Aguantando el sol como se puede, los miembros atienden a todo el que se acerca a informarse del movimiento. A los que les gusta la idea pueden firmar un documento de apoyo. Aún no han contado las firmas, pero a media mañana creían que ya llevaban "más de 2.000". La asamblea, como siempre, tendrá que decidir si las presenta en el Congreso o simplemente se quedan como respaldo a su iniciativa.

- Infraestructuras. Hacen falta lonas, cuerdas, latas de conservas y una o más neveras para conservar los alimentos. Un cuadrado rojo señala la urgencia de la demanda. En amarillo o verde, menos importante, están las cartulinas, las mantas o los rotuladores. Y con un doble rojo, necesario por encima de cualquier bien material, los jóvenes han escrito la palabra democracia.

La comisión de infraestructuras informó durante la asamblea que celebraron a primera hora de la tarde de que un empresario ha decidido dejarles cuatro baños químicos. Todo el mundo estalla en un aplauso. Los cuatro puntos construidos con contenedores sin fondo sobre alcantarillas no resultaban muy cómodos.

Además de colocar las lonas, de hacer un inventario de sus cada vez más numerosos bienes y de gestionar el puesto de objetos perdidos, los miembros de infraestructuras tendrán que vérselas también con la lluvia, que ayer cayó con fuerza durante unos minutos antes de la concentración y que hoy podría repetirse. "Haremos dos aguas con las lonas, impermeabilizaremos...", improvisa uno de los chicos mientras duda. Pero remata seguro: "Si la poli no nos echa, no lo va a hacer la lluvia".

- Cuidados. El martes por la noche se llamaba limpieza, pero ayer se decidió cambiar su nombre por cuidados. Es de las comisiones más activas. Da igual que sean las cinco de la mañana o de la tarde, en la plaza siempre hay alguien enganchado a una escoba. Aseguran sus miembros que algunos vecinos hasta les han ofrecido los baños de sus casas.

- Alimentos. Lolo dice, no se sabe si en broma o no, que venía a Sol a ligar y que sin querer acabó tras una puerta en horizontal que hace de mostrador en el puesto de alimentación. "Si quieres comer bien hay que estar cerca de la cocinera", dice con sorna. En el puesto se amontonan centenares de bocadillos que se reparten en cajas por la plaza. Todo son donaciones de vecinos y comerciantes de la zona. Hay agua y refrescos y nada de alcohol, al menos hasta que llega Javier Celdaña con su furgoneta. La Sidrería, dice en el lateral. En un momento monta una mesa y saca tres cacerolas enormes: fabada y macarrones. Y para beber, sidra. La plaza se llena de platos de fabes. "Me he levantado y he pensado, empieza la revolución, acabo de abrir el restaurante y ando mal de pasta, pero me importa un bledo, algo está cambiando", dice Celdaña acompañado por cuatro de sus trabajadores.

- Acción. Los indignados de acción apenas se dejaron ver ayer. Pero entre sus cometidos está uno de los más duros, el de hacer un cordón de personas alrededor del campamento para protegerlo en caso de una carga policial.

- Extensión. La comisión, dividida en 10 subcomisiones, se encarga de seguir y recoger todo lo que sale en Internet sobre ellos y transmitir a través de la red todo lo que pasa en la plaza. Se trata de extender el movimiento y hacerlo llegar lejos. A todo el mundo, dicen, para que la iniciativa no muera cuando se levante el campamento. "Aunque eso sea el domingo", apunta uno de los miembros, "o en un año".

Leído en El País


miércoles, 13 de abril de 2011

El capital enseña cómo hacer nuevos enemigos

Si uno no viviera en América del Sur, llegaría a pensar que los gobernantes griegos son idiotas: en medio de la situación terminal de la economía y el Estado que administran, se ponen a enfrentar a un pueblo entero para perpetrar negocios turbios con el dinero público. Pero no, nuestro continente mágico y realista -y sobre todo nuestros gobernantes- ya nos han enseñado hasta el cansancio que la corrupción es inherente al sistema: si las cosas de todos modos van a ir mal, si el manejo de la cosa pública siempre tiene como premisa favorecer a los ricos -locales y/o foráneos-, si el hipertrofiado mecanismo de concentración de este capitalismo geronte y terminal hará de todos modos que ningún ajuste, ningún recorte, ningún sacrificio sea nunca suficiente... ¿por qué no manotear su parte? ¿por qué no favorecer a los amigos? ¿por qué no dirigir la política y la economía en beneficio de su sector, si de todos modos tienen que hacerlo en beneficio de otros sectores no menos corruptos, tramposos, turbios, ladrones y criminales que ellos mismos? ¿O qué son, los hijos de la pavota?, como diría mi abuela. Para mayor abundamiento, se podrían citar los casos del ex presidente Bush y los contratos de Halliburton en Irak, el de cualquier gobernante de provincia empobrecida en países que podrían ser riquísimos como los nuestros, los de los burócratas del PC chino que se pasan a la burguesía con armas y bagajes mientras caminan sobre las cabezas de millones de ex campesinos expulsados por sus propias políticas de miseria, o los consabidos dictadores africanos que masacran a sus pueblos bajo la atenta mirada de los imperialistas europeos que desde hace décadas y siglos exprimen a cada uno de esos países. Y si no, preguntémosle a Berlusconi, alguien que ya es rico y tiene bien claro para quién gobierna, por eso no deja de manotear lo suyo en cada ocasión. Eso sí, yo creía que en Europa los mecanismos eran un poco más prolijos. Estos griegos son unos bárbaros... ;-)



Kératéa, fuera de control: 'Los viejos preparan los cócteles Molotov y los pequeños los lanzan'

Por Ana Martínez

Kératéa, una pequeña región al este de Atenas parece estar en guerra. Las manifestaciones se encadenan de una noche a otra. Los enfrentamientos con las autoridades y la preparación de cócteles Molotov están a la orden del día. Las calles que conectan la capital de Grecia con Lavrio, una ciudad en la costa del país, están siendo constantemente bloqueadas desde hace cuatro meses por los manifestantes. Esta vez no protestan por los recortes del Gobierno o la crisis económica, sino por la construcción de un vertedero en la zona.

Los que se manifiestan en contra de esta construcción aseguran que siempre se han declarado contrarios ha cualquier tipo de obra en Kératéa, ya que se trata de un lugar arqueológico. Stavos Karagounis, que forma parte de los grupos que se movilizan en contra de esta reforma, explica que en el lugar donde quieren construir el vertedero "hay conductos de agua que dan al mar". Añade que han "propuesto otros métodos, pero el Gobierno no escucha".

"Hace un mes la policía ocupó el centro de la ciudad. No podíamos salir de nuestras casas", explica Karagounis. El Gobierno aclara que pretende construir un vertedero biológico, pero Karagounis asegura que lo hace simplemente por intereses económicos con la empresa constructora MESOGIOS. "Grecia pretende hacer un basurero que dentro de dos años la Unión Europea ilegalizará", recalca el manifestante. "No tiene nada que ver con el reciclaje", concluye.
'La violencia sigue creciendo'

"Tienen a 500 policías que no se mueven de la zona", asegura Yanis Souliotis, un periodista griego que escribe para el periódico 'Ekathimerini'. "La policía intenta hacer lo posible, pero todas las noches tiene que enfrentarse a manifestaciones violentas en la zona de Kératéa", explica Souliotis.

Karagounis aclara que el Gobierno está gastando mucho dinero manteniendo las 24 horas a los policías en la región, dinero que el país no tiene en tiempos de crisis.

La región está fuera de control, según informan los periódicos griegos, pero nadie parece asumir la responsabilidad de lo que está ocurriendo. "El ministerio de medio ambiente dice que no puede continuar con los planes de construcción del vertedero a causa de la gran violencia de las protestas. El Gobierno intenta culpar a la policía, que no consigue controlar a los habitantes de la región", añade el periodista. Según explica Karagounis, el propietario de la empresa constructora MESOGIOS también se ha lavado las manos: "dice que no tiene nada que ver con la construcción", detalla el manifestante.

Según el periódico griego 'Ekathimerini', el Gobierno no quiere visitar la región hasta que la violencia no cese. No obstante, Karagounis aclara que las manifestaciones son constantes porque los policías no abandonan la zona. Explica que "los actos violentos han empezado porque la policía está aquí. Si no hay policía, no hay actos violentos".

Alain Salles, periodista del periódico francés 'Le Monde', comenta que la situación en la zona se ha convertido en "un símbolo de resistencia contra el Gobierno, en un momento de crisis". Los manifestantes están orgullosos de la violencia con la que combaten a las autoridades. "Los viejos preparan los cócteles Molotov y los jóvenes los lanzan", explica un habitante a Salles.

Artículo de El Mundo

lunes, 11 de abril de 2011

Para gente caprichosa, los islandeses

Ya la mayoría había olvidado que antes que EEUU, Grecia, Irlanda y Portugal, la primera manifestación de esta gigantesca quiebra del capitalismo había tenido lugar en Islandia. Cuando a fines de 2009, basados en el "buen desempeño" de los países BRIC, muchos se apresuraban a dar por terminada la crisis mundial, el llamado de atención vino también desde Islandia: el Eyjafjallajökull cubrió el cielo europeo de cenizas para recordar a todos que el pecado cometido había sido demasiado grande para pretender redimirlo sin pasar al menos una buena temporada en el purgatorio. Y ahora, cuando ya parecía institucionalizado el sistema de rescatar a los bancos y a los Estados en quiebra haciendo que la gente pagara los desatinos de los ricos mediante ajustazos y recortes, ¡otra vez llegaron los islandeses! Simpatizo con esta gente que se enfrenta a los banqueros ladrones y aun a su propio gobierno, que intenta reconciliarse con ellos. Antes de presentarles el artículo que ilustra el caso, permítanme que ice la bandera del país de los glaciares:



Reino Unido y Holanda amenazan con demandar a Islandia ante los tribunales
Estos dos países le exigen una indemnización de 4.000 millones de euros por la quiebra de una entidad. Los islandeses han rechazado el plan de pago en el referéndum celebrado el sábado.

WALTER OPPENHEIMER | Londres 11/04/2011

Lo que los Gobiernos pactan, los votantes lo pueden hacer trizas. Así han decidido actuar los islandeses, que el sábado rechazaron por segunda vez en un referéndum el acuerdo al que había llegado su Gobierno con los de Reino Unido y Holanda para resolver el contencioso que le enfrenta con ellos por la deuda generada en 2008 por la quiebra del banco Icesave. Con el 90% del voto escrutado, casi el 60% de los votantes se pronunciaron contra ese acuerdo, por el que Islandia debía devolver a esos dos países los 4.000 millones de euros que les costó garantizar a sus ciudadanos los depósitos que tenían en ese banco islandés, filial en Reino Unido y Holanda del nacionalizado Landbanski.

El conflicto se debe a que Islandia decidió avalar todos los depósitos bancarios que había en la isla cuando se desplomó su sistema financiero en la crisis de otoño de 2008. Pero Reikiavik se desentendió de las cantidades depositadas en los bancos islandeses que actuaban en el exterior, como Icesave, que en apenas unos meses captó miles de ahorradores en Holanda y Reino Unido ofreciendo tipos de interés de entre el 5% y el 6%. Cuando la banca islandesa se desplomó, Londres y La Haya garantizaron los depósitos de bancos islandeses en su territorio, pero luego exigieron que el Gobierno islandés les pagara ese dinero.

La obligación legal de Islandia en este caso es discutible. Reikiavik no la admite, pero británicos y holandeses sostienen que Islandia incumple la normativa del Espacio Económico Europeo en dos aspectos: porque esta le obliga a garantizar al menos los 20.000 primeros euros de cada depositante y porque está discriminando a los acreedores no islandeses.

Pero, sea cual sea el trasfondo legal, el Gobierno islandés cree que es políticamente necesario llegar a un acuerdo sobre el asunto para garantizar que el país pueda volver a financiarse en los mercados internacionales. El año pasado se llegó a un acuerdo por el que Islandia pagaría a Holanda y Reino Unido 4.000 millones de euros entre 2016 y 2024 a un interés del 5,5%.

Tras ser rechazado con más del 90% de los votos en contra en un referéndum, el acuerdo fue renegociado y hace unos días se recortó el interés a pagar por Islandia al 3,3% y se amplió el plazo de devolución hasta 2046. Pero los islandeses han vuelto a decir que no, a pesar de que el Gobierno islandés recobrará la mayor parte de ese dinero por la venta de activos bancarios nacionalizados y sólo una pequeña parte de la deuda acabará siendo asumida directamente por los contribuyentes.

Los votantes "han elegido la peor de las opciones", declaró la primera ministra, Jóhanna Sigurdardóttit, cuyo Gobierno de centro-izquierda podría verse obligado a dimitir. "Es, desde luego, muy decepcionante", añadió. En términos muy similares se pronunció el ministro holandés de Finanzas, Jan-Kees de Pager, con el añadido de que empezó a enseñar el hacha: "El tiempo de negociar ya es cosa del pasado. Islandia está obligada a devolvernos el dinero. Ahora son los tribunales los que han de decidir", declaró. Lo mismo dijo el número dos del Tesoro británico, Danny Alexander. "Hemos intentado llegar a una solución negociada. Tenemos la obligación de conseguir que nos devuelvan ese dinero y vamos a seguir persiguiendo ese objetivo hasta que lo consigamos", declaró.

El voto negativo no sólo ha contrariado a los políticos de los tres países. También amenaza con ser muy mal recibido por analistas e inversores. La agencia de calificación Moody's ya había anunciado días atrás su intención de rebajar la calificación de la deuda islandesa si el acuerdo era rechazado por los votantes. Y numerosos analistas han expresado ya su preocupación por las consecuencias que puede tener para Islandia. Sobre todo si se tiene en cuenta que el Gobierno había basado toda su agenda económica en la normalización de relaciones con la comunidad internacional. Pero si el caso llega finalmente a los tribunales, la decisión final puede demorarse varios años.

Frente al rechazo de los Gobiernos, el presidente de Islandia, Oláfur Ragnar Grímsson, considera que los dos referendos que él ha convocado "han devuelto al país la confianza perdida tras el hundimiento de la economía islandesa" en 2008. Los resultados, en su opinión, "refuerzan aun más la democracia".

Fuente: El País

viernes, 1 de abril de 2011

"Un gran país con demasiados bellacos"

El combate perpetuo, un buen texto de Marcos Aguinis en el que hace la biografía novelada del Almirante Guillermo Brown, viene a confirmar lo que uno venía sospechando: la revolución es una máquina poderosa que devora a sus artífices. Los consume, los tritura, los escupe en el barro... y les da vida eterna. El heroico y generoso irlandés, recién afincado en tierras extrañas, da más de lo que tiene y de lo que puede para luchar por la independencia de su nueva nación. La burguesía porteña, especuladora hasta para ir al baño y mala pagadora como siempre, lo maltrata y lo humilla más de una vez. Pero no podrá expulsar a Brown del combate: por el contrario, cuando menos lo piense deberá volver a llamarlo, porque el hombre está peleando por algo mucho más grande que todos los negocios del Río de la Plata juntos...


XVI

Recordemos. Corre el año 1818. José de San Martín ha librado la decisiva batalla de Maipú y se dispone a culminar su campaña emancipadora. El presidente Monroe adquiere tierras en la africana Liberia para la American Colonization Society. Bernadotte asume el trono de Suecia con el nombre de Carlos XIV. Brackenridge escribe su notable y pintoresco Viaje a la América del Sur. Napoleón sigue encadenado a la roca de Santa Elena. David Ricardo lanza sus Principios de economía política. Beethoven compone la Missa Solemnis. Schopenhauer publica El mundo como voluntad y representación. Simón Bolívar reorganiza sus fuerzas... Y el coronel de marina Guillermo Brown, tras su esperanzado retorno a Buenos Aires, es arrestado y encarcelado en el cuartel de Aguerridos: el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata ha decidido hacerle pagar su desobediencia, contrariamente a lo prometido por Rivadavia y calculado por la lógica.

Brown había nacido en 1777 en el pueblito irlandés de Foxford, bajo secular opresión inglesa. A los nueve años su padre lo llevó a Filadelfia, Estados Unidos, para buscar un horizonte más benévolo y traer después al resto de su familia. Pero allí quedó huérfano y desam­parado, lejos de su madre y sus hermanos, lejos de su valiente tío cura, lejos de las referencias que lo habían moldeado. Lo rescató una nave americana, donde invir­tió su adolescencia en descubrir los secretos del mar. Simultáneamente aprendió también las artes de la gue­rra y luego bebió la hiel de nuevas injusticias. Fue apre­sado por los ingleses y convertido en botín de leva. Aparecieron los franceses que, en lugar de liberarlo por haber sido un cautivo de Gran Bretaña, lo confinaron en una mazmorra. Fugó, volvieron a encarcelarlo y volvió a fugar. Cruzó el Rhin y pudo llegar a Londres, capital del imperio que lo había agredido dos veces, pero con el que estaba unido por lazos de idioma y múltiples tradi­ciones. Ingresó en la marina mercante de Inglaterra. Conoció a Elizabeth Chitty, con quien se casó. Y produ­jo asombro entre sus nuevos parientes al comunicarles su decisión de radicarse junto al Río de la Plata, en "el fin del mundo", para alejarse de una Europa incendia­da por las guerras. Pero en la remota Buenos Aires presenció la Revolución de Mayo y se presentificaron con energía los anhelos de libertad que habían soplado en su infancia. Aún trató de mantenerse como un pací­fico comerciante llevando mercaderías al Brasil, pero los artilugios legales lo dejaron sin barco ni mercade­rías. Regresó a Inglaterra para reaprovisionarse y vol­ver a Buenos Aires: algo poderoso, aún desconocido, lo ligaba con las nacientes Provincias Unidas.

En efecto, tras su retorno al Nuevo Mundo comienza a brindar servicios que ya no tienen como objetivo el comercio, sino la emancipación americana. Su talento naval descolla tanto que el Director Supremo lo designa comandante de la nueva y precaria escuadra. Triunfa en los aguerridos combates de Martín García y luego, en 1814, consigue someter el último baluarte realista en el Atlántico sur. Brown es un héroe admirado e indiscutido de la naciente nación. Le confían entonces organizar un crucero por las costas del Pacífico para agrietar el poderío realista en Chile y Perú. Pero sólo organizarlo: exigen, por razones oscuras, que él permanezca en tierra. Brown se cansa de las intrigas, las falsas promesas y la ingratitud. Pero en realidad lo quema el llamado de la aventura. No puede frenar su deseo de comandar el Crucero. Y, entre justificativos diversos que ofrece a su mujer y también a sí mismo, trepa a la nave capitana y ordena zarpar. El Gobierno, desconcertado, hace esfuerzos por llamarlo a la reflexión. Brown no acepta retroceder, asume los riesgos que implica esta frontal desobediencia —no era el único que las cometía en esos días caóticos—, y se lanza hacia las aguas australes para cruzar hacia el Pacífico. Su tarea de corsario se sobrecargó de peligros y en varias ocasiones estuvo muy cerca de perder todas sus naves y también la vida. Pero infligió al poder realista humillaciones inéditas, como sitiar la fortaleza del Callao durante más de veinte días y haber casi conquistado la estratégica Guaya­quil. Su presencia agitó el espíritu revolucionario des­de los hielos del sur hasta el Ecuador.

Pese a estos servicios, no puede retornar a Buenos Aires porque allí el rencor por su desobediencia es más significativo que sus servicios a la revolución emancipadora. Venciendo el hambre, las enfermedades y una torturante nostalgia, pasa de largo la ingrata costa argentina donde supone que le lloran y extrañan su mujer y sus hijos, y navega hasta el Caribe. Pero en vez de encontrar ayuda entre los hombres que hablan su misma lengua natal, es objeto de una vil rapiña. Los ingleses que dominan muchas islas del Caribe lo esta­fan y abandonan en una playa semidesierta, casi como si ya fuese un cadáver. La encefalitis lo pone al borde del fin. Después, durante la convalecencia, sufre un politraumatismo. Se salva por milagro y, convencido de que nada logrará en esas islas, logra embarcar rumbo a Londres, la capital de un imperio tan poderoso como contradictorio, porque al menos allí obtendrá el apoyo de sus cuñados. Lo golpea la sísmica sorpresa de encon­trar a Elizabeth y sus hijos, quienes la habían pasado mal durante su larga ausencia y debieron fugar de Bue­nos Aires.

Pese a todo, Brown retorna. Se cree protegido por algunas promesas, por la carta de Rivadavia, por cente­nares de bravos marinos, por la sensatez.

Pero el pueblo no lo espera en la Alameda —como ocurría tras sus resonantes batallas— ni el Gobierno le manda un carruaje oficial. Llega con su familia como cualquier desconocido. Pero ya sabemos que no es un desconocido, sino un sublevado. Sin consideraciones a sus sobrados méritos, lo encierran en un cuartel. Resul­ta increíble: a las numerosas injusticias que han eslabo­nado sus días desde que era pequeño se suma esta nueva, mayúscula, casi más gravosa que todas las anteriores. ¿Es posible tolerar tanto? No, no es posible. Guillermo Brown enferma en prisión. Le acosan dolo­res en el hígado y el estómago; su piel se torna amari­llenta. El defensor solicita que, debido a su estado, le sea conmutada la prisión en el cuartel por un arresto en su domicilio. Lo hacen examinar por el director del Instituto Médico Militar, pero la Comisión Fiscal recha­za la solicitud; lo autorizan, en compensación, a pasear­se por el cuartel: opinan que con algo de ejercicio mejo­rarán sus males.

A la encendida defensa preparada por el coronel Mariano B. Rolón se opone el fiscal de la causa, sargento mayor Matías de Aldao, quien exige "embargo y venta de los bienes que se le encuentren". Guillermo Brown, arrimando los labios a su confesor, exclama: —This is a great country, but, what a pity, there are many blackguards!*

El auditor general, doctor Juan José Paso, interviene para restablecer el sentido común. Propone una fórmula mediante la cual, "sin pronunciar una declaración de inocencia, mande sobreseer y archivar el proceso de esta causa, restableciendo sin nota al coronel Brown procesado, a su libertad, empleo y prerrogativas".

El juicio largo y la prisión bochornosa agotan los restos de paciencia que aún ardían en el pecho de Brown. El 23 de agosto de 1819 se dirige al Director Supremo: hace más de diez meses que me hallo preso (...) Yo, señor Exmo., ya no tengo de qué subsistir, los recursos de los amigos que me favorecen están agotados y, al fin, en una imposibilidad absoluta de subsistencia". Más adelante resume su situación con un breve párrafo: "...al tercer día de mi llegada a Buenos Aires fui confinado en una prisión militar durante 40 días y, después, juzgado por el Consejo de Guerra Militar, en un proceso que duró cerca de un año hasta que se dictó sentencia, la más injusta que pueda darse".

Guillermo Brown es absuelto, finalmente, pero se dispone su retiro absoluto del servicio, "con sólo goce de fuero y uniforme".

Cuenta su dolor y las terribles secuelas: "Esto y la injusticia de que fui víctima en Inglaterra, obraron sobre mi mente. También estaba separado de mi familia, la que quizá no tardaría en pasar necesidades y faltarle el pan. Hacia mediados de septiembre de 1819 enfermé de fiebre tifoidea. Privado de mi razón, el día 23 me arrojé desde la azotea de la casa del señor Reid, de tres pisos, rompiéndome el fémur y cometiendo otros actos que, espero, el Todopoderoso me ha de perdonar. Des­pués de este accidente estuve seis meses en cama acos­tado de espaldas, sin poder mover un miembro o mi cuerpo. Sólo sabe Dios lo que sufrí".

Cruel es la patria naciente. Golpea con mano irrespe­tuosa, y no solamente a Guillermo Brown. Juan Larrea, que había sido miembro entusiasta de la Primera Junta y constructor de la escuadra patriota, también fue pro­cesado en 1815 por un tribunal especial donde predo­minaron los intereses políticos; antes lo habían encarce­lado en la lejana San Juan, de donde regresó como dipu­tado a la Asamblea Constituyente. Ahora lo humillaban secuestrándole sus pocos bienes y "con la partida de registro que haga constante su expulsión". Se radicó en Francia, pero tres años después regresó al Plata, insta­lándose en Montevideo, donde apenas podía "asegurar el sustento de su familia" —como escribe a San Mar­tín—, hasta que en 1822, gracias a la Ley del Olvido, pudo regresar a Buenos Aires. No obstante, la tragedia pellizca sus talones y la reanudación de las persecucio­nes políticas lo agotan. El abnegado y leal Juan Larrea, el hombre de flequillo partido, de fúlgida inteligencia, de moreniana combatividad, se suicida.


* Este es un gran país, pero ¡qué lástima!, hay demasiados bellacos.

Capítulo XVI de El combate perpetuo, de Marcos Aguinis.