sábado, 4 de agosto de 2012

Insípido o amargo, ya no sabe

Cuando nos hemos quedado sin sabor, no sabemos nada más. Podríamos saber, en futuras ocasiones, pero la sabrosura de la vida se nos niega al día de la fecha. ¿Sabremos otra vez, quizá mañana? ¿Cómo saber, si hoy no nos sabe la que nosotros sabíamos? ¿Sabrá que no sabemos porque ya no nos sabe? Papila de mi corazón, ¿volverás a saber como sabías...?  

 












Carta de postres
una poesía de Fulgencio Martínez López


No era mi sabor
su preferido.
Descubre, inventa
a cada momento
una golosina:
chupaba un polo
de frenesí y pistacho
cuando la conocí.

Me dijo entonces tú debes
saber a barro de helecho y a suela.
Puso un nido de nieve en mi lengua
la primera vez que nos separamos.
Como siempre cambia de gustos, yo
también he cambiado desde ese día.

Fui metal y fui ola y fui abeja,
fui hueso y ya no soy coral,
ya no soy relincho de un tren nocturno
ni tengo el sabor tranquilo
del té de las tardes.

Es que, en cada encuentro
y en cada despedida, me crea
como elige en la carta
el postre que prefiere.
Hoy ha elegido uno raro,
un trozo de hielo, sólo.

Mañana,
cuando le apetezca yo de nuevo,
¿a qué voy a saber?, ¿sabré a libro
de poemas amarillento,
a un sentimental pecio del pasado,
un galeón en miniatura
dentro de una botella?

Hoy le mandé un retrato mío:
no sé ya si soy.
Dile,
retrato, dile
¿a qué sabe la nada?