miércoles, 16 de marzo de 2011

Cómo funcionan las cosas III

Ayer me quejaba de la hipócrita preocupación de los "estadistas" de las potencias (no sólo de las potencias, por acá ya se escuchan voces proclamando que "esta es nuestra oportunidad" de vender los -supuestamente más seguros- reactores Carem) por el desastre nuclear en Japón, mientras miran el reloj para ver por cuántos minutos deberán mantener la actitud doliente antes de seguir construyendo centrales y vendiendo reactores a troche y moche. Hoy me encuentro con el excelente artículo reproducido abajo, en el que José María Izquierdo analiza el papel de la prensa en la reconstrucción de la buena imagen de la energía nuclear, para seguir con el negocio apocalíptico. La única diferencia con los presidentes y primeros ministros, es que los medios no pueden privarse de vender la tragedia haciendo amarillismo y celebrando el número de muertos, los kilómetros de expansión de la onda radiactiva, el hambre, y de vez en cuando el rescate de un bebé de entre los escombros...

¡Qué alegría! ¡Cuántos muertos!

Nos tienen hechos un lío, un rato sí y otro rato no. Hoy me van a permitir que haga este Ojo Izquierdo monográfico y me quede con la terrible catástrofe de Japón, que la situación lo amerita. Llevamos un par de días que les informo de las razones que aportan los pronucleares para el mantenimiento de las centrales, pero es de apreciar que se produce un curioso efecto de vasos comunicantes. Cuánto más peligrosa se pone la situación en Fukushima, más solemnemente desvergonzadas aparecen las encendidas defensas de la energía nuclear de estos amigos nuestros, tan rabiosos que pierden el oremus. Alguno, ya verán al final, es que lo traía perdido de fábrica.

Les demostraremos, además, cómo ser físico nuclear no habilita para jugar bien al dominó. Y a nada, si a eso vamos.

La Razón: “¿Apocalipsis ahora?” Sumarios: “Bruselas calificó ayer la situación de ‘apocalíptica’ por el estado de la central de Fukushima, cuando ya se calculan en 10.000 las víctimas por los efectos del tsunami”. Pues nada, que si en portada dicen eso, en editoriales dicen lo otro: “Como era de esperar, los prejuicios de la izquierda trasnochada contra las centrales han aparecido para agitar su eterna campaña y pescar enrío revuelto. Las ventajas de la energía atómica son hoy las mismas que hasta hace una semana, aunque sus inconvenientes deban ser revisados tras el accidente de Fukushima. Negar hoy que es barata, limpia y fiable sólo podría hacerse desde posiciones sectarias y demagógicas, pero nunca sustentadas en criterios técnicos y en la experiencia, que es lo que debería prevalecer”. ¿La Unión Europea es de izquierdas y está trasnochada? ¿Y quién ha dicho que la situación es apocalíptica? ¿Y que el accidente es del grado 6 también lo ha dicho el izquierdista trasnochado que preside el equivalente francés del Consejo de Energía Nuclear?

Pues Abc da aún más miedo: “Pánico nuclear”, con la misma fotografía que La Razón pero aún más grande. Sumarios: “Japón lucha por evitar un nuevo Chernóbil tras las fugas radiactivas en la central de Fukushima”; “La UE califica de ‘apocalipsis’ la catástrofe atómica porque está fuera de control”. Pero el esquema es el mismo de La Razón, qué coincidencia más tonta, ¿verdad?, que tenemos que hacer un editorial que matice lo que decimos fuera, aunque a veces la labor se hace prácticamente imposible. Porque lean ustedes este párrafo del editorial: “Lo único cierto es que el Gobierno japonés ha evacuado a la mayoría de los trabajadores de la central y ha decretado un perímetro de seguridad de treinta kilómetros alrededor de ella. Las emisiones al exterior están confirmadas, así como los daños a la vasija de uno de los reactores. Las líneas aéreas evitan la zona y ya ha empezado el desabastecimiento”. O sea, no es que dé miedo, no, es que da pavor. Pues nada, que continuamos de la siguiente forma, ale hop, miren qué voltereta: “La falta de información contrastada y la inseguridad sobre la evolución de la crisis de Fukushima deben llevar a la prudencia y a la contención en los juicios (…) El mundo industrializado no puede sostenerse sin energía nuclear, pase lo que pase en Japón”. Verán que se trata de un ¿razonamiento? repetido entre nuestros amigos pronucleares: la inevitabilidad de la energía nuclear para sobrevivir en el futuro. Y es que la vida, ya ven, tiene estas casualidades. ¿Por qué no irán ustedes a creer, no? Nada, nada, de ninguna manera. Cómo se les ocurre.

Pero ustedes saben que en su modestia, este bloguero intenta reconocer el mérito allá donde éste se encuentre. ¿Escondido entre kilos de hediondo estiércol brilla un límpido cristalillo cual si fuera un valioso diamante Cullinam, o por lo menos el Golden Jubile? Ahí está éste su catavenenos dispuesto al heroico rescate cual Indiana Jones de hemeroteca. Aprecien en lo que vale esta aportación al debate nuclear de Antonio Burgos, que hablaba hasta llegar a este párrafo, y no muy bien por cierto, de la película de Santiago Segura, Torrente IV, que no la ha visto pero se la imagina. A lo nuestro, que es la contribución atómica de Burgos: “Torrente arrasando en las carteleras con olas de 8 millones de euros de altura en taquilla, y la catástrofe del Japón haciendo gratis a los ecologistas a la violeta toda la demagogia antinuclear imaginable, como si la central de Garoña estuviera, como los duros antiguos, a la orillita del mar, y mañana mismo la fuera a destruir un tsunami. Porque en el Cantábrico, ya saben, los tsunamis son frecuentísimos. Hay un tsunami cada lunes y cada martes”. ¿Verdad que era imprescindible su auxilio intelectual para formarnos la debida opinión sobre el futuro de la energía nuclear?

Pues no se pierdan El Mundo: “Japón pierde el control y la UE habla de ‘apocalipsis’ nuclear”; “Solo 50 kamikazes de los 800 técnicos de Fukushima permanecen en la planta tras las explosiones y la fuga radiactiva”; “La contaminación nuclear se detecta ya en Tokio con baja intensidad, mientras los mercados se desploman”; “No excluyo lo peor en las horas y días venideros”, asegura en tono dramático el comisario europeo de Energía”. Éste último seguro que es un rojo trasnochado, y a lo peor, hasta ecologista. No lo descarten. Y por eso le regañan: “La situación es sin duda muy alarmante, aunque quizá la palabra ‘apocalipsis’ -con unas connotaciones milenaristas de fin de la civilización humana- no sea la más adecuada”. Es verdad. La palabra apocalipsis hay que reservarla para cosas realmente graves y no utilizarla así, sin ton ni son como hacen algunos desaprensivos. Mañana, si tengo tiempo, les pongo algún ejemplo de cómo, dónde y en qué contexto debe usarse la palabra ‘apocalipsis’.

Y vamos ahora con los defensores de verdad, pero de verdad de la buena, que estos sí que van a cara descubierta, sin trampa ni cartón, de la energía nuclear. Ya les contaba ayer de Libertad Digital, pero hoy apenas si le dan un recuadro en portada, al menos hasta pasadas las dos de la madrugada. Destaca un articulillo de José Antonio Martínez Abarca. “O nuclear o miseria”, se titula. "Los monstruos, nucleares o no, no es que no existan. Es que existen poco. Y no pueden mediatizarnos la vida. El mediático miedo occidental a la palabra "isótopo", que no nos deja vivir estos días, hace que no tengamos presente el terror seguro que deberíamos sentir hacia la palabra "miseria". Porque, cuando no haya petróleo, o nuclear o miseria (…) Con el crudo acaparado por países golfos o países barbudos, con el gas suministrado a España por países barbudos o países golfos, con la fotovoltaica aromando a gasoil de noche, con los molinillos dedicándose a despedazar pájaros como misión principal, la única alternativa al colapso occidental venidero era la energía nuclear, a la que los dirigentes y los medios, siempre tan entusiastas cuando se trata de debilitarnos, ya han cavado la tumba”.

El relevo lo coge La Gaceta, dónde hay que pelearse, que te mira así como de soslayo y saca de la santabárbara toda la pólvora disponible. Editorial: “Nuclear sí, a pesar de todo”. Y duro con ello: “La clase política occidental, y parte de su clá mediática, parece más preocupada por el tsunami nuclear que por el terremoto que ha costado la vida de miles de japoneses. Las explosiones en la central de Fukushima han resucitado el miedo a la energía nuclear y, con ello, el viejo (y demagógico) debate sobre su empleo”. Para empezar a pelearnos, sirve. Más: “Su reducido coste de producción cobra con la crisis especial relevancia. Y es que generar un megavatio de energía nuclear (desde el punto de vista de coste operativo) cuesta 27,5 euros, frente a los 70 del gas o los 107 del carbón. Este aspecto es especialmente significativo en el caso de España, ya que reducir la factura energética es una de las asignaturas pendientes de nuestro país, cuya dependencia exterior se mantiene en los mismos niveles que en el año 1980”. Vamos, un argumento humanista y científico, alejado de cualquier cálculo economicista. ¿Cómo puede pensar alguien tal cosa?

Pero como en La Gaceta están poco acostumbrados a razonar, que lo suyo es más bien la cosa del garrote y el puñetazo en la mesa, se nos quedan en poca cosa cuando se trata de aportar argumentos: “A la izquierda le va a faltar tiempo para agitar la cuestión nuclear como bandera electoral (véase el caso de los verdes en Alemania), pero su reivindicación carece de fundamento”. Eso. Que no falten fundamentos: “La leyenda negra que la izquierda esgrime contra la nuclear proviene, en parte, porque su nacimiento tuvo lugar en la Segunda Guerra Mundial con fines militares. Cierto, como otros muchos inventos que han rendido valiosos servicios a la paz y que ahora resultan imprescindibles. Demonizar la energía nuclear a causa de los efectos del terremoto y posterior tsunami en Japón es, a todas luces, un error (…) Lamentablemente, la izquierda está desarrollando un debate ideologizado y demagógico para arremeter contra este tipo de energía, básica para la economía del mundo e incluso para la reconstrucción de un país, como es el caso de Japón”. Y es que ya lo dice ese engendro, sinónimo de trasgo: “La izquierda perroflautista y antinuclear está de enhorabuena para ‘vender’ sus ruinosos molinillos”.

Pero nadie, absolutamente nadie, tan claro y diáfano como Alex Vidal Cuadras, eurodiputado del PP y Catedrático de Física Nuclear. O sea, dirá usted, que sabe de lo que habla. Pues sí, sabe de energía nuclear, sí. Pero debe ser de lo único, porque escribe lo siguiente: “Pero en el supuesto de que el desastre llegase a sus últimas consecuencias produciendo un Chernóbil japonés, lo peor que podríamos hacer es dejarnos llevar por el choque emocional asociado a tales desgracias. La explosión del reactor ucraniano desató una cadena de reacciones apasionadas en la ciudadanía y en los políticos que dieron lugar a decisiones que hemos pagado muy caras en términos de competitividad económica, seguridad de suministro y preservación del medio ambiente. En España, el parón nuclear impuesto por los socialistas a principios de los ochenta del pasado siglo ha incrementado enormemente nuestras emisiones de gases de invernadero, ha encarecido absurdamente la electricidad, ha acumulado un inmanejable déficit de tarifa y ha incrementado peligrosamente nuestra vulnerabilidad frente a suministradores externos”. Y atentos a la que sigue: “Si se analiza fríamente lo que está sucediendo en la central de Fukushima, el coste en vidas humanas en el peor escenario posible será insignificante comparado con la mortandad infligida por la suma del seísmo y el maremoto. En cuanto a las pérdidas financieras derivadas del cierre definitivo de tres reactores de una planta más que amortizada, tras cuatro décadas de producir electricidad, tampoco son relevantes en el marco del ingente volumen de dinero que deberá ser invertido”. ¿Suficiente?

Pues no, que queda su director, Carlos Dávila, hoy con palillo, aceituna y cabeza de la gamba a la plancha, todo junto: “…En el Extremo Oriente sólo se sabe a ciencia cierta que los muertos de un seísmo están siendo aprovechados por los boberas del ecologismo sufragado para alzarse en masa contra las nucleares. En un país como el nuestro, donde han reventado presas y donde miles de mineros han muerto carbonizados, estos palmeros de la tragedia están perorando ‘apocalipsis’ en la sabiduría que es la única bandera que le queda ya a la izquierda de los Bardenes y su cuadrilla”.

Tantas cosas para echar por el hueco del colmillo son excesivas y acabó por mancharse la pechera de la camisa. ¿Verdad que es una lástima?

Tomado del blog Ojo Izquierdo