jueves, 27 de enero de 2011

César Tiempo, el prostituto del poema

En 1926 se publicó en Argentina un curioso libro de poemas, con el título sugestivo de Versos de una..., supuestamente escrito por Clara Beter, una prostituta porteña de excepcional sensibilidad. El libro gozó de un éxito inesperado, agotó una edición tras otra y circularon leyendas sobre las fabulosas cifras de ventas, que alcanzaron decenas de miles de ejemplares. Sin embargo, Clara Beter no existía. Eso se supo después de que los periodistas la buscaron sin conseguir dar con ella, ni siquiera después de esperarla durante semanas frente a la pensión de la calle Estanislao Cevallos, en Rosario, donde supuestamente se hospedaba. La imaginación general empezó a hacer lo suyo y germinaron todo tipo de especulaciones: “La Beter se ha refugiado del éxito en Buenos Aires”; “Se ha escondido para preservar su intimidad”; “Su editor, su padrote, la ley, nadie sabe bien a bien quién, pero alguien la tiene cautiva...” Algunos meses después César Tiempo presentó Versos de una... al premio municipal de ese año y finalmente se vio obligado a reconocer, en medio del escándalo: “El prostituto era yo.”


EN EL “BA-TA-CLAN”

Una mujer en el tinglado
exhibe todas sus miserias
y el caramelo del deseo
hace babear a la “gran bestia”.

Bastan las formas mal veladas
o alguna inmunda palabreja
para inyectar de ardor sus ojos
y provocar su hiperestesia.

Sobre el salón flota la sombra
de Onán que allí triunfal impera
y encaja en todos los cerebros
en mil posturas a una “hembra”.

(En este palco yo hago cálculos
acariciando mi cartera.)
(Lejos con sorna y con desprecio
ríe mi corazón poeta.)

Clara Beter

Tomado de Desokupados