viernes, 21 de enero de 2011

Dos puntos de vista y dos prácticas

"Gradualismo progresista" vs. "izquierda tirapiedras"

El director del programa Sueños Compartidos de la Asociación Madres de Plaza de Mayo acusa al Partido Obrero -y por extensión, a quienes desarrollen en la acción programas similares- de ser "funcional a la derecha". Más precisamente, dice que ese partido fuerza "las situaciones concretas para concluir análisis que no podrán ser concretos nunca", con lo cual "están convirtiendo a sus jóvenes militantes en mano de obra tercerizada de lo peor de la derecha". Un dirigente del PO responde que el apartamiento (ascenso mediante) de la fiscal que pidiera el procesamiento de Pedraza y la acusación de "extorsión agravada" a los militantes ferroviarios que exigen el cumplimiento del acuerdo de incorporación a planta permanente, sostiene "el sistema que une a la secretaría de Transporte, la burocracia de Pedraza y los empresarios del régimen". Advierte que "La gestión privada del ferrocarril constituye un monumental desangre para el Estado y, por lo tanto, una traba insalvable para producir la modernización, extensión y desarrollo del sistema ferroviario argentino". Muy interesante.






Izquierda de derecha: el peón de Eduardo Duhalde
Por Demetrio Iramain

La genialidad en la síntesis expresiva no es mía. Fue el autor y actor teatral Diego Kogan quien me la confió recientemente. “Peones de Duhalde”, señaló el director del Teatro Payró, esa mítica sala porteña que, entre otros tantísimos aportes a las causas populares, abrió sus puertas, levantó sus telones para que en junio de 2001 fueran abrazadas por decenas de artistas las Madres de Plaza de Mayo, y también la hija de una de ellas, Alejandra Bonafini.

Es que la hija de Hebe había sufrido el 25 de mayo de ese año (fecha emblemática para los fascistas de antaño y que, Bicentenario mediante, por fin ha sido recuperada definitivamente para el acervo de las luchas emancipatorias argentinas) un feroz atentado en su casa de La Plata, cuando desconocidos ingresaron a la vivienda que compartía con su mamá y la torturaron salvajemente. Las Madres definieron la situación opresiva y asfixiante que empezaba a darse en el país como “Terrorismo de Estado”. Así nomás. Sin vueltas. En plena democracia, el sistema de representación se permitía descender a los infiernos de la más sórdida represión. Se torturaba en sus propios domicilios a hijos de dirigentes reconocidos mundialmente. Salto cualitativo, se advertía entonces, que no podía desembocar en otra cosa que no fueran más de treinta muertos en las calles en diciembre de ese mismo año, cuando De la Rúa, finalmente, renunció.

Eran los tiempos en que se mataba alevosamente a quienes cortaban las rutas para reclamar trabajo. No más salario ni mejor representación sindical, ni condiciones laborales similares a la de los trabajadores de planta, ni efectivización de los contratados, ni horas extras, ni saneamiento de la obra social, como ocurre ahora, sino trabajo. Algo. Un sueldo. El PO, para entonces, tiraba piedras. Como sigue tirando ahora, que han pasado casi diez años de aquello, y sus dirigentes insisten en ver continuidades donde cualquiera medianamente sensato no podría soslayar las rupturas.

A propósito, me detengo un minuto en la calle y le cumplo el sueño al diseñador de la campaña publicitaria del PO. Debo ser uno de los pocos que se sienten atraídos por la diminuta letra del cartel copiosamente pegado en toda la Capital y el Conurbano, cuya capacidad de impactar en la atención de los transeúntes lleva las de perder ante las híperproducidas y coloridas propagandas en la vía pública durante el verano. Bajo el extravagante título “Que el gobierno rompa con Pedraza”, la proclama revolucionaria del Partido Obrero argumenta: si bien “la ex fiscal de la causa pidió la indagatoria” del sindicalista ferroviario, “el gobierno mantiene en pie la gestión del tren con la burocracia sindical”. Sic.

¿Por qué no aclara el PO que la ex fiscal de la causa ya no instruye el expediente debido a que el gobierno la convocó al flamante ministerio que conduce Nilda Garré para que aporte todo su coraje y experiencia en tratar con las fuerzas de seguridad? ¿En su esquema primario de ecuaciones políticas “romper con Pedraza” no significa acaso nombrar en el gobierno a la funcionaria judicial que se animó a pedir la indagatoria del secretario general de la Unión Ferroviaria, y encarcelar a dirigentes de peso de la organización, imponiendo como línea de investigación la que se encaminaba a encontrar a los responsables dentro del gremio? ¿Cómo cree Altamira que le habrá caído a José Pedraza el nombramiento de Cristina Caamaño en el gobierno ?

Seguramente tan mal como a Altamira le cae cada paso del gobierno en dirección de su plena autonomía política y profundización de su camino redistribuidor de riquezas y ganancias, aliviador de inequidades en la brecha de ingresos que ya estaban muy consolidadas en nuestra estructura social. Algo falla en esta versión criolla de los autoproclamados campeones del marxismo si su praxis insiste en sostenerse en un error fundamental: salirse de la Historia. Obviar deliberadamente los datos de la realidad. Forzar las situaciones concretas para concluir análisis que no podrán ser concretos nunca. ¿Existe algo más antihistórico, más antimaterialista dialéctico, que imaginar delirantemente una situación dada y actuar en la realidad según esa virtualidad que de cierto tiene muy poco?

Promediando el año 2003 se dictó en la Universidad Popular de las Madres, por un docente que estaba muy en contra del apoyo de los pañuelos blancos al flamante gobierno de Néstor Kirchner, una clase pública bajo una consigna perfectamente inútil: cuáles debieran ser las cuatro primeras medidas de gobierno de una eventual revolución socialista en la Argentina. Era una manera muy obvia de querer demostrar oposición a las cuatro primeras medidas del gobierno de Kirchner, que no instauraba por cierto la revolución socialista en la Argentina y que, sin embargo, las Madres habían resuelto apoyar. Pasaron siete años y nuestra izquierda sigue actuando igual. Qué lástima.

Sí, en cambio, resulta factible imaginar qué sucedería si un día el gobierno “rompiera con Pedraza” a la manera que lo reclama Ramal. Seguramente la Unión Ferroviaria, en respuesta, cortaría el servicio de trenes de todas las líneas por varias horas, y la ciudad se convertiría en un caos mucho mayor al del 23 de diciembre último, en cuyo caso bandas muy bien sincronizadas y listas para el desmadre la pudrirían simultáneamente en Once, en Retiro y en Constitución. Y en ese caso, ¿qué haría el PO? ¿Ayudaría acaso a romper las estaciones también? ¿No estaría en esa circunstancia siendo funcional a Pedraza?

Que Altamira rompa con Duhalde, mejor. Vos marchaste con Blumberg, Ramal, que pedía leyes más duras y seguridad al por mayor. Mal que les pese, los estrategas de esa izquierda inmaculada, virgen del poder, están convirtiendo a sus jóvenes militantes en mano de obra tercerizada de lo peor de la derecha.

Que el PO siga tirando piedras, piensa esa diestra peronista mientras se entrena para su última oportunidad por varios años: que la violencia fermente y se altere a todo lo que dé el definitorio año electoral.




Siguen con Pedraza
Respuesta a la nota “Peones de Duhalde”, de Demetrio Iramain, publicada en “Tiempo Argentino” el 13 de enero de 2011
Por Marcelo Ramal

Demetrio Iramain ha producido una nota tan larga como estéril. Después de atacar extensamente al Partido Obrero, confirma lo que el PO denuncia: a saber, que el gobierno no ha roto con Pedraza. Iramain va más lejos, porque defiende que este pacto entre el gobierno y la patota que mató a Mariano Ferreyra se mantenga en su núcleo duro -la gestión del ferrocarril.
Siguen con Pedraza

Ninguna de las diatribas que ha lanzado el kirchnerismo, en especial su ‘izquierda’, contra nuestro partido, ha llegado tan lejos en la admisión de que estamos frente a un régimen político estructurado en varias patas –una de las cuales es la patota que dirige la Unión Ferroviaria, con la consiguiente corruptela y el acuerdo con las patronales de Ugofe.

Iramain ‘reflexiona’ que cualquier intento de ruptura del gobierno con Pedraza entrañaría, de parte de éste y de Maturano, una huelga general que tendría efectos ‘indeseables’ para la estabilidad del gobierno. Iramain convierte de este modo al gobierno en un rehén de la patota y al régimen que los une en un sistema de extorsión. Semejante caracterización, que Iramain desarrolla sin el menor pudor, condenaría (como efectivamente ha ocurrido al cabo de siete u ocho años de gobierno K) cualquier posibilidad de reforma social, que sin embargo se sigue atribuyendo a este gobierno.

Si llevamos este razonamiento de Iramain un poquito más adelante, se llega a la inevitable conclusión de que aceptaría gustoso que la causa por el asesinato de nuestro compañero acabe en la impunidad –porque cualquier condena y su extensión al conjunto de la burocracia sindical podría generar esa ‘huelga general’ que para nuestro contradictor sería mortal para CFK.

Iramain alerta sobre las consecuencias de una ruptura con Pedraza “a la manera que lo reclama Ramal” (sic). Se refiere a nuestro planteo de que las burocracias sindicales de Pedraza y Maturano, así como los privatizadores, sean expulsados de la gestión del ferrocarril, algo elemental contra quienes están comprometidos en la comisión de un asesinato político. Que, en consecuencia, el ferrocarril sea reestatizado, bajo una gestión democrática de trabajadores y técnicos electos. En ese caso, se horroriza el autor, el servicio de trenes “sería cortado por varias horas”, y las “bandas” apedrearían Constitución, Once y Retiro. Pero la burocracia sindical, en los últimos sesenta días, ya paró el ferrocarril cuatro veces, en defensa de la impunidad de la patota.

¿Dónde estuvo cada uno? El gobierno, tolerando las extorsiones de Pedraza. ¡Nadie procesó por “extorsión” a los responsables de estos verdaderos lockouts patronales! Mucho menos, a los verdaderos responsables de los desmanes de Constitución, armados para defender los intereses de la patota. El PO y la agrupación Causa Ferroviaria, en cambio, denunciaron a esos paros por antiobreros, llamando a los ferroviarios a realizar asambleas para repudiarlos.

“Piedras”

Iramain recuerda “el 2001”, cuando se peleaba “para reclamar trabajo” y lo compara con la lucha actual por “salario”, “mejor representación sindical” o la “efectivización de los contratados”. Pero no era K quien protagonizaba esa pelea, él estaba ocupado en darle una feroz biaba a la Asamblea Popular de Río Gallegos. Éramos nosotros, cofundadores de la Asamblea de Trabajadores Ocupados y Desocupados -junto a Alderete y D’Elia- en una iglesia de La Matanza. Iramain representa aquel acontecimiento extraordinario de una forma peculiar: dice que el PO “tiraba piedras, como sigue tirando ahora”. Este exabrupto es ‘funcional’ al duhaldismo (para usar un lenguaje en boga), que decía exactamente eso de los piqueteros cuando fue gobierno. Ello, junto a los kirchneristas Aníbal Fernández y Juan José Alvarez, los diseñadores el plan represivo que terminó con la vida de Kosteki y Santillán. Los Kirchner, por su parte, se probaban el traje presidencial que les había obsequiado, precisamente, Eduardo Duhalde.

Pero diez años después ¿en qué campo se encuentra cada uno cuando, al decir de Iramain, se lucha por una “mejor representación sindical”? ¿No nos explica en esa columna precisamente lo contrario –que toda oposición a Pedraza debe ser excluída para evitar las consecuencias políticas de un enfrentamiento político contra la patota? El Partido Obrero organiza agrupaciones de oposición a los Moyano o Pedraza. El gobierno kirchnerista, un acto con todos ellos en la cancha de River, para sellar una alianza política y económica con vistas a las elecciones de 2011 ¿Quién es el peón de los Duhalde o los Pedraza?

El alcance de los planteos de Iramain no se detiene aquí, pues en definitiva la santa alianza ferroviaria es una forma de mantenimiento de la privatización ferroviaria del menemismo y de nuevos negociados, como ocurre con la compra de vagones usados en España, Portugal o China, o como ocurre con las empresas tercerizadas de Pedraza, que chupan de la teta del presupuesto del Estado.

La gestión privada del ferrocarril constituye un monumental desangre para el Estado y, por lo tanto, una traba insalvable para producir la modernización, extensión y desarrollo del sistema ferroviario argentino. Entre paréntesis, nuestro reclamo, poner fin a la privatización ferroviaria y ruptura con la camarilla de Pedraza, es típicamente nacionalista burgués, no es socialista, lo cual sirve para tapar la boca a tanto charlatán que jamás ha tenido el coraje intelectual de confrontar con el programa del Partido Obrero o con lo que nuestro partido realmente escribe.

Blumberg, ahijado de Kirchner

El columnista acusa al PO de haber “marchado con Blumberg”, lo cual añade a su afán de desplazar la atención política del único punto fundamental del momento, que es el juicio y castigo a TODOS los asesinos de Mariano y el despojo de los privilegios políticos para la patota. Es como si recordáramos ahora, por caso, el vaciamiento del Banco de Santa Cruz para entregarlo a Eskenazi, o la privatización criminal de YPF. Iramain pretende descubrir un gen derechista en el PO. En el intento, se hunde con su propia evocación.

A la movilización donde concurrió el PO asistieron centenares de miles de personas, entre los que se encontraban las víctimas de la inseguridad policial (gatillo fácil). El PO fue a luchar contra el programa de Blumberg, o sea, a reclamar la destitución de los jefes policiales y a rechazar cualquier reforzamiento del aparato judicial o policial asociado al crimen. Ese movimiento se escindió entre quienes, como el PO, organizaron a los familiares de las víctimas contra el Estado, y los que, como Blumberg, salieron a reclamarle al Estado mayor represión.

¿Dónde se ubicó el kirchnerismo? ¡Pues con Blumberg, a quien los Kirchner le aprobaron el aumento de la edad de imputabilidad y todas las normas represivas que aquellos exigían! Entre ellas, la incorporación de la figura del “secuestro coactivo agravado” al Código Penal, usada para procesar, años después, a diez dirigentes de la FUBA. La futura intelectualidad “K” miraba por TV la “crisis de inseguridad”, sin haber librado jamás una batalla en el seno del pueblo por un programa contra el estado y los represores. Ahora toman la caracterización del PO, a saber, que la inseguridad nace de los aparatos de seguridad y represión del Estado, para balbucear una propuesta de ‘seguridad democrática’, que plantea gobernar con el Código Penal, con gases vomitivos y con los servicios de inteligencia, como se demostró en el empeño de Garré por salvar el ascenso de un ex carapintada e integrante de la inteligencia militar bajo el proceso.

Esa “seguridad democrática” debutó con el procesamiento de activistas ferroviarios del Partido Obrero. Con esto, cierran la política que iniciaron el mismo día en que la patota mató a Mariano –criminalizar al PO, primero con aquello de que “nos tiraron un muerto” y ahora con nuestro procesamiento. Este es el contenido de la ‘seguridad democrática’, que dirigirá una ex funcionaria de De la Rúa, cuyo gobierno está enjuiciado por los crímenes del 20 de diciembre de 2001. El brulote de Iramain se inscribe en esa desvergonzada macarteada. Repetimos: ustedes, los K, convirtieron en leyes el programa de Blumberg.

Un solo demonio

Iramain ataca el planteo de nuestro afiche: “que el gobierno rompa con Pedraza”. ¿Cómo nos reclaman esto, se pregunta, si hemos ascendido a la fiscal de la causa de Mariano Ferreyra al cargo de viceministra de Seguridad? Pero la fiscal Caamaño deja la causa (inconclusa) de Mariano para criminalizar, desde su nuevo puesto …a los compañeros de Mariano. La fiscal ha dejado de ser la acusadora de Pedraza para serlo del PO.

Nilda Garré, la jefa de Caamaño, en una conferencia de prensa urdió una amalgama de falsificaciones para involucrar al Partido Obrero en los desmanes de Constitución. Garré se ha estrenado con un montaje. Estamos frente a uno de los escándalos político-judiciales mayores de la historia argentina. El asesinato de Mariano fue un crimen político contra los luchadores obreros. Si el gobierno acusa ahora a sus compañeros en lugar de expulsar a sus perpetradores del sistema político –como ocurre con el sistema que une a la secretaría de Transporte, la burocracia de Pedraza y los empresarios del régimen– se convertirá en su cómplice. ¿El ascenso de Caamaño sería, según él “la manera” oficial de romper con Pedraza? Ya vemos que no.

Pero la hipótesis de que el gobierno no rompe con Pedraza por temor a “un paro de varias horas” ofende la inteligencia del lector de “Tiempo”. Las razones son muy otras. Por un lado, la ruptura de la gestión empresarial y burocrática en el ferrocarril sería un golpe a los Cirigliano, Roggio o Romero, o sea, un paso de ruptura con la burguesía nacional precarizadora. Pero la expulsión de los Pedraza de los sindicatos significaría un principio de quiebra de la regimentación de la clase obrera, que tiene casi un siglo. La batalla del ferrocarril, contra las tercerizaciones y por el juicio y castigo a los asesinos de Mariano Ferreyra, concentra una lucha por la autonomía política de los trabajadores. Mientras una cierta intelectualidad se conchaba como peona de los tercerizadores, su Estado y sus partidos, el Partido Obrero lucha para que la clase obrera no sea peón de nadie, y pueda desde ahí desarrollar su propia perspectiva histórica.

Link al artículo de Iramain

Link al artículo de Ramal