martes, 18 de enero de 2011

No nos obligues, Padre Oso




Cuando los lacontes,
pueblo siberiano,
encuentran un oso,
se descubren la cabeza, le saludan,
le llaman jefe, viejo o abuelo,
y le prometen que no le atacarán
y que jamás hablarán mal de él.

Pero si da señales de tener intenciones
de arrojarse sobre ellos, le disparan y,
si le matan, lo parten en pedazos,
lo asan y se regalan con su carne hasta agotarla,
sin dejar de repetir:
"No somos nosotros los que te comen, sino los rusos".

(Lo cuenta A. F. Aulagnier, en Dictionnaire des Aliments et des Boissons)